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 La espada y la rosa.

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StrawberryQueen

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Edad : 26

MensajeTema: La espada y la rosa.   Jue Sep 14, 2017 3:09 pm



HildegardvonRosencratz

"Porque he engendrado en vuestro corazón un sentimiento que antes no abrigaba: la venganza" —El conde de Montecristo, de Alexandre Dumas y Auguste Maquet.

HILDEGARD
VON ROSENCRATZ
SIN APODOS CONOCIDOS
NACIMIENTO: 18 DE DICIEMBRE
20 AÑOS
POLITEISTA
CLASE: MAGO (15)
OCUPACIÓN: MAGO Y GALENA.
LUGAR DE NACIMIENTO: LANTHOR
LUGAR DE RESIDENCIA: ROCAINFERNAL
HUMANA
LEGAL MALIGNO



DESCRIPCIÓN FÍSICA

    Hildegard nunca ha sido una chica que destacase por su físico. En apariencia tiene el rostro de una muchacha común y corriente de raza lanthoriana y roqueña. No heredó el hermoso cabello rubio de su madre, pero sí el aprecio por cuidar el propio, de un color igual al de las castañas nuevas, largo y sedoso. Habitualmente suelto pero con los mechones delanteros recogidos tras la cabeza con un pasador. Tiene la tez pálida con una tonalidad ligeramente rosada que ilumina su expresividad con un aire de etérea pureza. Tiene una nariz pequeña y quizá algo respingona que culmina en la presencia de unos labios finos y habitualmente curvados en una media sonrisa orgullosa. Los ojos son grandes y azul celeste, como el cielo en verano. Poseen la mirada firme y solemne de su padre. Aunque, como se dijo, su rostro sea común y su voz suene más grave y rasgada de lo habitual en los cánones de belleza para una mujer (carisma 10), sí que goza de una figura encomiable. Aparte de gozar de buena salud y resistencia, presume también de piernas largas y curvas pronunciadas en senos y caderas (constitución 14), un vientre plano fruto del ejercicio al que se ha visto sometida desde su llegada al continente (fuerza 12) y una agilidad y elegancia felinas y asombrosas en una mujer que se mueve habitualmente con vestidos largos y alzas en los zapatos (destreza 14).

    Durante su periodo de aprendizaje en la academia de magia y hechicería de Heystad, vestía ropas con los colores de la institución, el negro y el blanco, adornando su cuello con amuletos y los dedos con anillos encantados. Los días y las noches de frío se abrigaba con un manto de color oscuro que cerraba en un broche con la insignia de la Academia Alair; un círculo azabache con un dragón de oro engarzado. Ahora, una vez graduada de la institución, Hildegard ha cambiado los colores de sus ropas por otros que varían según su estado de ánimo y, en lugar de lucir la insignia de la escuela, luce la de su propia familia: un león dorado con las fauces abiertas sobre un broche carmesí. Normalmente vive su día a día con la cara lavada, mas en los eventos importantes gusta de usar cosméticos para realzar sus rasgos, perfume de lilas y pócimas que le abrillanten tanto el pelo como los ojos (en estas ocasiones tendrá carisma +14).

    Habiendo sido educada en el protocolo y las costumbres antiguas, Hildegard pone extremo cuidado en su forma de vestir. Aunque desde su llegada a la villa se ha animado a lucir escote, el resto de su atuendo es de rigurosa modestia y no muestra en exceso su cuerpo. Hacerlo iría en contra de sus principios y los valores inculcados por su madre e institutrices. Cuando viaja suele llevar consigo una bolsa cargada con sus enseres, desde libros y trabajos de la academia, hasta pergaminos, plumas, varitas y pociones de su propia cosecha o colección.

DESCRIPCIÓN PSICLÓGICA

    Como mujer ha tenido que enfrentarse a adversidades que quizá otra persona en su lugar no habría sido capaz de solventar. Hildegard nunca fue educada en ningún tipo de combate y ni tan siquiera sabe empuñar un arma o tiene pulso suficiente para disparar a distancia. De manera que su mejor defensa han sido la astucia y la inteligencia. No le gusta dejar nada al azar, así que siempre tiene un plan trazado en su mente. A veces, y esto es lo que más cabe destacar de ella, es capaz de elaborar estrategias intrincadas sobre la marcha y con un escaso porcentaje de error. Ama el conocimiento de cualquier tipo por encima de todo, y con frecuencia aplica lo que sabe a las situaciones. Reacciona con calma al estrés y si no se la provoca puede ser una aliada inteligente y una enemiga implacable. Es meticulosa en sus estudios y pone mucho cuidado en cada paso que da para organizarse de la mejor manera. Tiene una mente sumamente despierta, trabajadora y perseverante, así como habilidad innata para observar a la gente y las circunstancias en las que se envuelven, y a partir de esa información, valorar con escalofriante exactitud sus procederes y si estos llegarán o no a buen puerto. El mundo es una gran partida de ajedrez y es muy probable que Hildegard sepa estar más tarde o más temprano en el bando ganador (Inteligencia +18).

    Por contra, su sentido de la percepción no destaca tanto como la mente tan brillante con la que ha nacido. No sabe orientarse en parajes desconocidos mejor que una persona común y corriente, y aunque es capaz de dar buenos consejos, le cuesta captar según qué tipo de comentarios y bromas a los que por desgracia no está acostumbrada ni ha sido educada. También tiende a ser el tipo de persona que se olvida de saludar un lunes y se acuerda del cumpleaños de tus hijos el miércoles siguiente. Esto forma parte de sus despistes, o como ella suele decirlo, "sus encantos" (sabiduría 10). 

    De cara al público, la personalidad de Hildegard es la de una joven solemne, centrada en sus cosas, sus pensamientos y sus estudios. Algunos la tachan de mustia y otros de aguafiestas. Carece de habilidad para hacer amigos porque, ciertamente, tampoco los busca, y cuando los encuentra suele decir lo que piensa sin medir que quizá no sea el momento apropiado o les esté arruinando la diversión. Es por eso que suele estar sola o acompañada de muy pocas personas (carisma 10). Por supuesto estos pocos que saben permanecer a su lado encuentran en ella una amiga leal, honesta y firme en principios. Jamás miente y siempre cumple con su palabra, tales cosas forman parte de sus códigos personales y de su alto sentido del honor, y nunca los quebrantará. En el lado opuesto de la balanza, eclipsando su bondad y honestidad, está su lado oscuro. El de una mujer destructiva para con aquellos que le hacen daño, rencorosa y vengativa en extremo. Ninguna ofensa queda sin ser castigada, y de quedar así, ya se encargará ella de hacer pagar al culpable aunque tenga que mover cielo y tierra para conseguirlo. Probablemente con medios poco aptos para pusilánimes. La ambición por el poder tampoco se queda atrás y cierra un círculo vicioso capaz de corromper su pureza y llevarla a tomar decisiones poco convencionales con la mayor de las frialdades y cargada de seguridad.


GUSTOS

• Las flores. 
• La música y las historias de aventuras. 
• El invierno.
• Los animales.
• La lectura y sus estudios de magia.
• El poder y las adulaciones.



DISGUSTOS

• La traición. 
• La falta de código, modales y valores. 
• El verano; las estaciones especialmente calurosas la hacen sentirse extraña. 
• Las aglomeraciones de gente.
• El fanatismo religioso.
• Los insultos, mofas y amenazas hacia su persona o sus protegidos. Hacia otros le da igual.




HABILIDADES

Modo de defensa: magia arcana.
Solturas: evocadora, conjuradora, nigromante y encantadora.
Especializaciones: especialista en rituales convocadores, creación de runas mágicas y medicina.
Intereses: planes futuros de vincular con un Familiar, especializarse en combate arcano y el estudio de la magia chamánica.
Armas: su propia magia, varitas y un cuchillo

HISTORIA
      La historia de la familia Rosencratz dio comienzo mucho antes del nacimiento de Hildegard. Tiempo atrás, cuando Lanthor y Rocainfernal aun tenían alianzas entre sí, no era extraño que esa búsqueda de lazos acabase en el matrimonio concertado entre miembros de familias residentes en ambos países. Fue, sin ir más lejos, el caso de sus padres.

       Andrej von Rosencratz no era de origen noble, pero sí hijo de mercaderes acaudalados que se habían abierto paso poco a poco en la capital roqueña. Gracias a las ganancias familiares, Adrej pudo permitirse unos estudios avanzados de legislación, contabilidad y administración de bienes. Pronto comenzó a trabajar como mayordomo, tesorero y copista. Con el paso de los años consiguió escalar de posición y convertirse en abogado primero y magistrado después, adquiriendo fama de ser especialmente justo e inquebrantable en su honor y sus principios.

       Fue entonces cuando conoció a la hermosa Milana. Hija mayor de unos nobles lanthorianos, Milana estaba comprometida inicialmente con el mejor amigo de Adrej, Vladimir von Osstengard. No obstante los jóvenes se atrajeron mutuamente desde el primer instante en que se vieron y Andrej decidió pedir la mano de Milana ante su padre. El noble sopesó las dos opciones, y aunque no es lo habitual en la nobleza, decidió que un magistrado que trabajaba por y para las leyes de un país aliado tendría más que ofrecer a sus arcas que un noble menor que no poseía nada que ya no tuvieran. Vladimir aseguró que no guardaba ni guardaría rencor a la pareja por haber tomado esa decisión. Años más tarde se demostraría que aquello no era sino una vil mentira para simular su orgullo herido.

       El matrimonio entre Andrej y Milana dio por fruto tres hijos; primero una niña, Hildegard, y después dos varones, Dagobert y Alexandrei. Como hija mayor, Hildegard siempre tuvo la responsabilidad de comportarse de forma mucho más madura que sus hermanos y velar por la seguridad e intereses de estos. Aunque su padre les educó por igual a los tres en las materias de las que se consideraba erudito, solo los muchachos tenían verdaderamente la oportunidad de dedicarse en un futuro a la magistratura, pues de Hildegard se esperaba en tanto que casase con un buen partido y diera descendencia. De manera que primaron en su educación las labores de una mujer que se ocupa de su casa, tales como el bordado, la costura, la etiqueta, el cuidado de los niños y la administración del hogar. Hildegard nunca reprochó nada y siempre fue obediente. Era lo que se esperaba de ella. No obstante, una parte de su corazón se resentía al sentirse mucho más inteligente y capacitada que sus hermanos. Vio pasar su niñez y adolescencia entre reuniones de protocolo y peticiones de compromiso de otras familias que buscaban emparentar a sus hijos con ella por motivos meramente políticos. No obstante sus intentos, Hildegard nunca casó. Parte de ello se debía a que las negociaciones no llegaban a buen puerto, y parte, también, a que la joven se negaba en rotundo a ir al altar con alguien que ella no escogiese por sí misma. No fueron pocos los que se ofendieron ante la idea de que una mujer, y más una cría, exigiese tener algo que decir ante tales compromisos. Pero Hildegard respondía con tesón que no serían ellos quienes compartiesen cama e hijos con su marido, y que por tanto, si debía hacerlo, lo haría con alguien que creyese apropiado y no con un desconocido que la superase por veinte o treinta años en edad e intenciones.

       Por suerte y desgracia, ambas de la mano, no llegó a ocurrir. Comenzaron a correr rumores por Rocainfernal de que se urdía una conspiración en contra del Emperador, y que muchas familias estaban implicadas. Cuando fueron descubiertas, los miembros de todas ellas fueron apresados para dictarles sentencia por traición. La gran mayoría eran verdaderamente culpables de lo que se les acusaba, rebeldes que habían visto debilidad en la tiranía de su regente y habían aprovechado la oportunidad para tratar de liberar Rocainfernal de su gobierno, sin éxito. Sin embargo, cuando se comienza a señalar a dedo a posibles detractores, muchas veces también acaba saliendo el nombre equivocado por odio o despecho. Así fue con Andrej von Rosencrazt. Irrumpieron en su mansión de noche y se lo llevaron presos tanto a él como a sus hijos, todos acusados de un delito que ninguno cometió. Su mujer, Milana, quedó bajo la protección de Vladimir von Osstengard con la promesa de que nada malo le ocurriría.

       Hildegard fue separada de sus hermanos y su padre por su condición de mujer, y quizá eso fue lo que la salvó de una muerte segura. Llevada de camino a otra prisión, una tormenta sorprendió al barco en el que viajaba, haciéndolo naufragar y no quedando más que piezas inconexas de su estructura. Los pocos supervivientes al naufragio murieron poco después por sus heridas, de manera que catalogaron el incidente de desastre y dieron al resto por muertos. Incluida Hildegard. 

       Las semanas siguientes, vestida con harapos y ocultándose como pudo, la dedicó a tratar de acercarse a su madre y recibir noticias de su familia. Lo que supo cayó sobre ella como un cubo de agua fría; tanto su padre como sus hermanos habían sido sentenciados a muerte y sus cabezas fueron expuestas al populacho sin ningún tipo de misericordia clavadas en picas. Desde el instante en que las vio, Hildegard apretó los puños y juró vengarse de aquel o aquellos que hubieran acusado injustamente a su familia.

       Días más tarde, Hildegard consiguió acceder a su madre haciéndose pasar por asistenta de la limpieza. Entontró a Milena, para su sorpresa, casada de nuevo, esta vez con Vladimir. Al principio se lo recriminó y la acusó de ser la culpable de todo lo que había ocurrido. Pero Milana tenía motivos para hacer lo que hizo: estaba embarazada de su cuarto hijo y necesitaba un padre que le diese un apellido para asegurarse de que no se lo arrebataban de la misma forma que le arrebataron los demás. Vladimir siempre había estado prendado de ella y era el mejor partido, y también el más rápido que podía encontrar, para conseguirlo. Hildegard comprendió que su madre tenía las manos atadas y le prometió que invertiría todos sus esfuerzos en descubrir la verdad y sacarles tanto a ella como a su hermano nonato de esa casa.

       Lo que no dijo fue que también había jurado venganza.

       Vagó de un lado a otro hasta que consiguió enrolar en un barco mercante con destino al continente de Zanundor. Desembarcó en Daganoth y desde allí trató de labrarse un porvenir trabajando de chica de los recados o pidiendo limosna. Había pasado de tenerlo todo a no tener nada. Algunas almas caritativas le dijeron que era probable que encontrase trabajo y ayuda en Heystad, de manera que partió hacia la villa inmediatamente. En el camino, mientras viajaba por el bosque en caravana, encontraron el cadáver irreconocible de un hombre que había sido atacado por los lobos. Hildegard se acercó a examinar los restos y encontró en ellos un extraño cuaderno, viejo y deteriorado, que contenía escritos, dibujos y esquemas incomprensibles para ella. Con el tiempo y muchísima paciencia, logró descifrar esas galimatías y comprendió que aquello no era otra cosa que el grimorio de un mago. Faltaban muchas páginas, pero había hechizos de todo tipo, la mayoría especializados en la evocación. Hildegard comenzó a practicar por su cuenta los más sencillos. Al principio por diversión, después por verdadero interés y finalmente por ambición. Acababa de descubrir que no solo se le daba bien la magia, sino que podía conseguir de ella una fuente de poder incuestionable con la que llevar a cabo sus planes.

       Y decidió aprovecharla.


CURIOSIDADES

• Antes de dar comienzo su historia dentro del servidor, el alineamiento de Hildegard y el de toda su familia era Legal Neutral, pero ha visto su cambio tras lo vivido en Rocainfernal. A día de hoy aún conserva tintes de dicho alineamiento hasta que poco a poco madure su personalidad.

©️ JONSEI PARA ITR



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StrawberryQueen

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MensajeTema: Re: La espada y la rosa.   Jue Sep 14, 2017 3:29 pm

Un nuevo amanecer
Mañana| Aldea de Heystad | Breve mención: Marla y Egmont von Rundstedl
         El refugio estuvo vacío hasta bien entrada la noche. Jake regresó y encontró a Hildegard sentada en el suelo con la espalda pegada al muro de piedra. Había preparado lo poco que tenía en una mochila raída. Le estaba esperando. Jake imaginaba por qué y dejó a un lado el bastón de madera. Se quitó el sombrero de paja, mostró su pelo canoso y esperó a que fuese ella quien comenzase la conversación.
          —Creo que puedo conseguirlo —dijo con ese pronunciado acento del este.
          —¿Conseguir el qué?
          —Empesar de nuevo.
          —Entonces es un hecho que te marchas.
          Hildegard miró al anciano. Jake no era más que un vagabundo que apenas tenía para comer y aun así le había ofrecido su refugio como casa. Cuidó de ella, atendió sus heridas y la ayudó. Le dio de comer lo poco que encontraba. La trató como una hija. Todo ese tiempo no había pensado en otra cosa que no fuera la venganza o el salir de aquella ratonera. No se paró a pensar que cuando se marchase estaría dejando a Jake tan solo como al principio, antes de que la encontrase sin conocimiento junto al lago. Una parte de ella se sintió culpable por no haberse tomado la molestia de dedicarle un minuto de sus pensamientos.
          —Me marcho, sí —admitió con un breve cabeceo—, pero pienso volver.
          —¿Volver para qué?
          —Por ti —Hildegard recalcó especialmente su respuesta—. No sé cuánto tiempo me llevarrá conseguir algo desente que poder llamar hogar, perro creo que puedo haserlo. Y si lo hago, volverré por ti y te llevarré conmigo. Es lo justo. 
          —Pero sabes que no apruebo lo que quieres hacer —sonrió el anciano.
          —También sé que no me delatarrías —rebatió Hildegard—. Todo lo contrarrio; te quedarrías a mi lado, aconsejándome y protegiéndome.
          —Supongo que peco de ser demasiado previsible.
          —Y también demasiado amable. 
          Ambos sonrieron y callaron. No había mucho más que decir.
          —Entonces ve —pidió el anciano—. Márchate antes de que tenga tiempo de asimilar tu despedida y así podrás regresar antes de que perciba tu ausencia.





          Hildegard se cuestionó durante largas horas que debía de hacer. Cuál era el siguiente paso. Podía escoger quedarse con lo que le había dado Marla o venderlo. Quizá invertirlo. Pero hiciera lo que hiciese, tenía que estar completamente segura y ahorrarse cualquier arrepentimiento. Durante un momento titubeó y se sintió egoísta por no haberle contado a Jake absolutamente nada sobre la benevolencia de Marla. Podría haber compartido con él los regalos. Pero entonces habría tenido que conformarse con la mitad y tardaría más en abastecerse. Además, probablemente el anciano hubiese gastado el dinero rápidamente en alcohol o cualquier otra cosa que no le reportase beneficio alguno a largo plazo. Era bueno, pero también solía carecer de inteligencia para ese tipo de cosas. Después de meditarlo, decidió vender el anillo de oro. Con lo que le dieron tuvo más que suficiente —y aun sobraba— para alquilar la habitación más barata de la posada y comprarse un equipo de costutería y bordado y unos tintes. Debía tener mucho cuidado si no quería ventilar lo ganado demasiado rápido como para tener que volver otra vez a la indigencia. Lo poco que quedó lo guardó en una bolsita de cuero y lo dejó escondido bajo una de las tablas de madera del suelo de su nueva habitación. Y ahí debía quedarse hasta que ganase más. Marla le había dado una idea, una muy buena, pero debía pensar rápido y aprovechar la oportunidad aún más.
          Preparó una tina para bañarse. Ella misma calentó los cubos de agua en la chimenea para ahorrarse cualquier coste de servicio. Utilizó los harapos que hasta entonces había vestido para frotarse bien la piel y quitarse todo rastro de roña y suciedad. Después los tiró, habiendo quedado inservibles. 
          Las horas siguientes las dedicó a hacer trizas la capa que le había regalado Marla. Afortunadamente no había olvidado sus nociones de costura y supo hacerse un vestido humilde igual al que solían llevar las campesinas de Heystad. Lo tiñó de negro con los tintes que hubo comprado y dejó que se secara. Después arregló su bufanda cortando los bordes que estaban rotos y parcheándolos allá donde hubiera un agujero. Le costó todo un día de encierro exhaustivo, pero cuando acabó podía considerar que tenía la apariencia de una habitante más de la aldea y no de una rata de cloaca que caminase a rastras por sus calles.
          Al acabar se tumbó en la cama y cerró los ojos. Se quedó dormida al instante, y el cansancio se encargó de que aquél fuese un sueño sin sueños. Vacío de toda preocupación.




          Despertó cuando el gallo comenzó a cantar. Se frotó los ojos. Sobre la mesilla tenía el cuaderno viejo y deteriorado que llevaba siempre consigo y el lápiz de carboncillo que le compró Egmont. Nadie sabía cómo había conseguido el cuaderno y lo que contenía. Hildegard estiró el brazo y lo cogió. Lo abrió por el principio y se quedó observando los dibujos y las instrucciones que alguien antes que ella se había encargado de escribir. Su anterior dueño. El hombre cuyo cadáver quedó irreconocible por los lobos y al que seguramente alguien estaría echando en falta en su casa.
          Le había costado comprender lo que había escrito. Le llevó meses descubrir el encriptado, pero siempre había destacado por tener una inteligencia brillante y despierta. Para ella descifrar mensajes, anagramas y acertijos era un juego, algo sencillo de resolver. Y cuando consiguió hacerlo con el cuaderno, supo que era algo de lo que no debía desprenderse nunca. Un arma que podía usar a su favor para desarrollar algo más que sus habilidades de ama de casa, como las había llamado Egmont.
          Para ello debía practicar.
          Dejó el cuerno en la cama y alzó las manos sobre sí misma.
          Hyacintho lux —articuló de forma clara, en un susurro, mientras movía los dedos de ambas manos en la pose exacta del dibujo que ya había memorizado.
          Sintió aquel hormigueo recorrer sus manos y sus dedos hasta que de las yemas comenzaron a surgir pequeñas luciérnagas de color azul. Danzaron sobre la cama, se abrazaron entre ellas y estallaron formando un único foco de luz que dejó la habitación bien iluminada sin necesidad de fuego alguno. 
          Hildegard sonrió. Empezaba a gustarle aquello.

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MensajeTema: Re: La espada y la rosa.   Miér Sep 20, 2017 7:08 pm

Citación :
Arrow  Actualizado con ficha del personaje y descarga de portrait en el primer post.

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MensajeTema: Re: La espada y la rosa.   Miér Oct 18, 2017 1:13 am

Hámster en su jaula de purpurina escribió:
Arrow  Breves cambios de ficha: clase, ocupación, descripción física y habilidades modificadas.

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MensajeTema: Re: La espada y la rosa.   

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