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 Dana. Los dioses Proveen

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LadyPain

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Mensajes : 25
Fecha de inscripción : 15/11/2016

MensajeTema: Dana. Los dioses Proveen   Dom 07 Oct 2018, 21:20





Nombre: Dana Miller
Raza: Humana
Sexo: Mujer
Edad: 23 Años
Clase: Clerigo
Deidad: Bale
Alinemiento: NB
 
Descripción Física:

Dane es una muchacha de piel fina, blanca, ojos azules y labios carnosos. Tiene unas manos de finos y luengos dedos acabados en unas uñas redondeadas y bonitas. Su cabello rojizo brilla con fuerza bajo la luz del sol, suele llevarlo largo y suelto, aunque para las batallas se lo recoge parcialmente: lo justo para que no le moleste en los ojos.

Suele vestir con armadura pesada en batallas de claros colores y ropas más bien de cuero para caminar por la ciudad. Entre sus armas se puede distinguir un martillo de guerra que emplea en honor al dios a quien debe sus votos.
 
Descripción Psicológica:

Por norma general le cuesta entablar una conversación de manera fluida, al menos al principio de conocer a alguien, siendo más bien introvertida y manteniéndose al margen en un introspectivo silencio, analizándolo todo con minucioso detalle.

Es perfeccionista, maniática y bastante curiosa, en ocasiones demasiado. Cuando coge confianza es una fantástica y fiel compañera, no dudará en arriesgar el pellejo por aquellos que realmente la necesitan.
 
TRANSFONDO
 
La noche se cernía sobre nosotros trayendo consigo un inusitado silencio. El viento aullaba en el exterior de la cabaña y hacía golpear las ventanas algo descolgadas. Las ramas de los árboles y en ellas sus hojas se agitaban violentamente, se retorcían, se quebraban y su sola sombra tornaba formas que en la semioscuridad de mi cuarto se me antojaban horrorosas, dignas de ser temidas. Quizás solo fuera un flaco favor de mi mente. No pude aguantar el miedo que se cogía en mi pecho como una poderosa garra, en aquel momento la creí capaz de arrancarme el alma y en aquel momento… grité con todas mis fuerzas, grité contemplando una simple rama que había golpeado mi ventana para quedar enganchada ahí.

Mi madre fue la primera en llegar, abrió la puerta apresurada, asomó la cabeza y la movió hasta que sus ojos dieron con los míos.

-Dana… ¿Qué temes? – la voz de mi madre era un remanso de paz, siempre taimada e inalterable.
-El viento aulla, mamá, las ramas golpean la casa y hay monstruos en la oscuridad.

Salí del cobijo de mis sábanas, deshaciendo el arrullo que me envolvía cálidamente para acercarme a los amorosos brazos de mi madre, ellos me envolvieron, me reconfortaban y daban un calor que solo ellos podían dar.

-¿No aúlla también el lobo y te gusta Frizz? – su pregunta quedó en un íntimo susurro ente ambas - ¿No sopla el viento todos los días? ¿No hay personas más monstruos que los monstruos mismos?

La sonrisa de mi madre… era tan hermosa como ver despuntar el alba en una madrugada primaveral, sus manos… se enredaron entre mis cabellos rojizos y se deslizaron hasta las puntas en una tierna sonrisa.

-Frizz es mi amigo, el viento sopla, pero no aúlla… y… las personas también me dan miedo – no pude evitar enterrar la cara entre los senos de mi madre como si de nuevo quisiera volver a la protección que una vez me dio su viente.

-Mi pequeña e inocente Dana… el viento aúlla porque se cuela por la ventana…  Frizz es tu amigo y es tu lobo… no es diferente a los demás lobos que moran por ahí… pero siempre te será fiel. –dejó escapar un suspiro tranquilo – En la vida… hija mía habrá gente que te caiga bien, te agrade y terminéis siendo amigos… habrá gente… que te caiga mal, la odies y cada uno haga su camino, en cambio también te encontrarás gente loca a los que si deberías temerles y plantar cara pues quien no teme… no está vivo. Esa gente sí que será la manzana podrida de toda la cesta, pero no tiras toda una cesta por una manzana podrida ¿mh? Coges la manzana podrida y la apartas. Cuando seas mayor… sé que llegarás a entenderlo, sé bien que al igual que en tu padre Bale vive en ti.

Solo pude sonreír achicando un poco los ojos, moviendo a su vez las pequeñas pequitas de mis pómulos.

-Mamá ¿Me cuentas de nuevo “ese” cuento?

Mi madre lanzó un profundo suspiro, volvió a recostarme en la cama arropándome con cariño y sentada junto a mi comenzó un cuento, mi favorito de hecho. Mis párpados comenzaron a pesar, sentía como mi cuerpo se iba haciendo más liviano y la voz de mi madre quedaba en un eco que cada vez parecía más lejano.


Mi madre era… la mujer con más bondad que había visto nunca, era amable, tierna, cálida…. Atenta y una esposa excelente, mi padre; Arthur era la valerosa e implacable voz de El Justo, no dudaba en poner su espada por una causa que realmente merecía la pena. Fiel soldado del ejército Lanthoriano y tan amoroso esposo como padre. Mi hermano mayor Axel era un cabeza loca, tozudo, cabezón y pésimo a la hora de compartir sus juguetes conmigo, yo… bueno, yo siempre tenía miedo de todo, según mi madre quien no tenía miedo no estaba vivo, ella decía que todos sienten miedo pero que la verdadera fuerza de cada uno residía en superarlo.
 
Pese a no vivir directamente en la capital todos conocían a la flamante esposa del Sargento Arthur, su introvertida hija Dana y el aguerrido hijo mayor Axel. A decir verdad, mis padres siempre fueron modestos en su forma de vivir, nos enseñaron a compartir, el valor de la justicia, que el ser tenaz siempre da sus frutos. Mi padre nos enseñó tanto a mi hermano como a mí a honrar a Bale y servirlo allá donde su palabra nos guiara, nos enseñó esgrima e incluso a desfilar de manera militar, cosa que usábamos para nuestros propios juegos.
 
Mi padre siempre se centró más que Axel, después de todo… él no solo era el primogénito, sino que también era un chico, pasaba horas enteras explicándole el dogma, el proceder y la magnificencia de El Justo, le enseñó a hablar con él, a pedirle sus dones… mientras yo observaba siempre escondida.

Cuando Axel cumplió las dieciocho primaveras mi padre decidió hacerle la misma prueba que en su momento le hicieron a él.
Condujo a mi hermano hasta la pequeña capilla que teníamos en casa, todas las velas que la iluminaban ahora estaban apagadas, dejando el templo en penumbra. Mi padre colocó su mano sobre el hombro de Axel y se pronunció así:

-Axel, esa es la penumbra del mundo, solo si Bale te concede sus dones… tendrás el poder suficiente para alumbrarla sin tener que levantarte del suelo.

Observé el orgullo de mi padre mientras le hablaba y fue entonces… cuando me sentí mal pues había pegado de envidia. Axel se adentró en la pequeña capilla cerrando detrás de si las puertas.

Tanto mi padre como yo esperamos durante horas sentados sin saber qué sucedía en la habitación, el silencio se apoderó por completo de la casa, podía sentir como mi padre se impacientaba, podía notarlo en su pie inquieto botando sobre el suelo, sus constantes cambios de postura, en sus manos entrelazadas que en ocasiones se apretaban la una contra la otra. Finalmente, dejó caer la cabeza con pesadez, susurrando un apagado “comprendo” que en un principio no comprendí. Apoyándose sobre sus propios muslos y dándome una caricia en la cabeza mi padre logró levantarse del sillón para encaminarse hasta las puertas de la capilla abriéndola. Mi hermano estaba sentado sobre uno de los bancos, tan cabizbajo como él, ambos se miraron, pero ninguno dijo nada, fue mi padre quien lo envolvió en un abrazo, tranquilizándolo, pero él, en un gesto frustrado se deshizo de mi padre y caminó hasta la habitación encerrándose ahí, tanto mi padre como mi madre… fueron en su busca intentando que les abriera la puerta de la habitación para poder tranquilizarlo, quizás.

Durante unos momentos observé con detenimiento la capilla, paseé la mirada por la imponente escultura que años ha mi padre había ordenado construir ¿Y si yo pudiera hacerlo? Me escuché preguntarme, dudé durante unos momentos, giré mi cuerpo para observar a mis padres aun frente a la habitación de mi hermano, luego volví la mirada al frente, no estaba segura, ni si quiera me di cuenta cuando mi cuerpo se movió dando el primer paso hacia adelante para adentrarme en la capilla, después de ese paso lo siguió un suspiro para armarme de coraje y un nuevo paso. Paso tras paso me encontré en medio de la capilla, con las puertas cerradas, envuelta en esas penumbras que mi padre describía. Tomé aire mientras me arrodillaba, dejé apoyada la frente contra el altar, me sentí respirar tranquila, pausadamente y a cada inspiración encontraba un poco más clara la fuerza que necesitaba, mi valor. Para cuando quise darme cuenta imploré un rezo que se manifestó como un susurro inseguro, ese susurro inseguro se convirtió poco a poco en un salmo cargado de fuerza y confianza, fue entonces… sucedió, en mi mente sonó su voz, tronó poderosa y clara como la mañana.

Las puertas se abrieron de golpe chocando contra las paredes, no pude evitar sacudirme sobresaltada saliendo de toda concentración para darme la vuelta y observar la mirada atónita de mi padre, se mantenía de pie e inmóvil observando las pequeñas velas encendidas, seguí su mirada, percatándome por primera vez de que habían cambiado su estado y ahora brillaban con fuerza.

-Dana… ¿Cómo has…? – entró con paso tranquilo y sosegado hasta llegar a mi altura abrazándome- No importa… Bale provee

Abracé a mi padre, pese a que era dos años menor que mi
hermano mis oraciones no solo habían sido escuchadas, también habían sido respondidas. En la lejanía escuché la puerta de mi hermano nuevamente, para cuando quise darme cuenta él ya estaba frente a la entrada, observaba con ojos desorbitados la escena y la rabia no tardó en cubrir su rostro como un oscuro manto.

-¿Por qué? – preguntó mirando a nuestro padre y a mi alternativamente

- Axel… los dioses son caprichosos, hijo mío, los designios de los dioses son inescrutables y debemos respetar su voluntad, Bale ha decidido bendecir a tu hermana y tú deberías de sentirte orgulloso de ella.

El rostro de mi hermano se retorció en una iracunda mueca que para nada auguraba bien alguno.


-La ha bendecido ¿no? ¡La ha bendecido! ¿¡Y qué tiene ella que no tenga yo?! -  bramó colérico observándonos- si tan inescrutables son… ¡quédatelos! ¡Quedáoslos y atragantaos con ellos!

Mi madre intentó poner paz, una paz que mi hermano había alterado deliberadamente, pero en el intento… solo consiguió una bofetada de mi hermano, si fue intencionada o no… quisiera seguir dudándolo y creer que quizás simplemente fue un desafortunado acto reflejo. Para cuando mi padre fue a reaccionar mi hermano ya estaba empaquetando sus cosas, dispuesto a marchar.

Temblorosa toqué su puerta con los nudillos, sin esperar respuesta alguna entré en la habitación mirándolo.
-¿Por qué reaccionas así? – pregunté con un sosiego que en realidad no sentía.

-¿Por qué? ¿¡Por qué?! Dana, eso era para lo que siempre me he estado entrenando, a lo que siempre había aspirado, era mi sueño y ¡tú! Te has apoderado de él

-No es justo que te enfades conmigo, yo no he escogido que él me escogiera – mi hermano se volvió dándome la espalda.

-¿Ah no? ¿Y qué esperabas encontrarte en la capilla? ¿lo mismo que yo? ¿Nada? No juegues conmigo Dana, puedes engañar a papá y a mamá con que eres la niñita perfecta que nunca hace nada… pero a mí no, yo soy tu hermano y quizás el que más te conoce. –dejó escapar un suspiro volviéndose para mirarme- Dana, sal de mi cuarto, no puedo seguir aquí, tú tienes un camino, ahora… todo por lo que he luchado se ha desmoronado y tengo que buscar el mío, lárgate.

Mi hermano se marchó de casa, emprendió camino para buscar su propio futuro, por mi parte cada día oro para que lo encuentre y que sea recto y justo… pero no puedo evitar que una parte de mi tema, segura porque no sea así.
Yo no tardé mucho más que el en abandonar el nido en post de mi propio camino.
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