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 [Facción] Los Primeros Hijos

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Ravenguard

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Mensajes : 9
Fecha de inscripción : 16/10/2017

MensajeTema: [Facción] Los Primeros Hijos   Lun 11 Dic 2017, 20:05

Die Erstën Söhne



          1. Introducción
          2. Descripción
          3. Jerarquía
          4. Cómo entrar
          5. Miembros

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Última edición por Ravenguard el Lun 08 Ene 2018, 16:59, editado 5 veces
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Ravenguard

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Mensajes : 9
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MensajeTema: Re: [Facción] Los Primeros Hijos   Lun 11 Dic 2017, 20:08


En horas tan altas de la noche apenas quedaban candiles encendidos alumbrando las calles de la ciudad de Radengarth. Faltaba apenas una hora para que el sol se asomara, por lo que los servicios de limpieza adecentaban el pavimento a la par que la guardia nocturna contaba los minutos para el cambio de turno. Era el momento más frío del día, y eso acompañaba a un silencio absoluto en la urbe. No había alboroto, apenas había gente y los pocos que se atrevían a salir tenían demasiado sueño o frío como para entablar diálogo.


Sin duda alguna, semejante configuración de aspectos dotaban de ese momento como el más tranquilo del día. Las calles eran invadidas por un sosiego fugaz y exótico dado al bullicio que se aglomeraba en Radengarth desde el alba hasta la caída del sol. Y Lord Viktor, como reconocido adicto a la calma, sabía disfrutar de ese momento.


No era extraño verle caminando por la ciudad, siempre acompañado de su guardia personal y usualmente de algún asociado para discutir sobre negocios y finanzas. Viktor siempre citaba las reuniones a esa hora, pues su experiencia dictaba que sus palabras eran mucho más persuasivas en ese momento del día. Sin embargo, en esta ocasión el Lord de los von Krieger había dedicado tan peculiar momento a su hijo Erwin. Este, a diferencia de Viktor, no se sentía tan atraído por el frío y el silencio, así que esos minutos del día carecían de un significado para él. No obstante, la mera idea de estar con su padre daba el suficiente aliciente para prepararse con puntualidad. Erwin no podía presumir de haber pasado mucho tiempo con su admirado padre, así que no dejaría pasar una oportunidad como esa.


Durante un buen rato ambos caminaron en ese habitual silencio, seguidos de lejos por la guardia de la familia. Transitaron por las zonas céntricas, así como cerca de los edificios más emblemáticos del Imperio. Los opulentos edificios en honor a Tryngard y las ostentosas mansiones del distrito hacían incluso empequeñecer la vasta hacienda de los von Krieger. Y los monumentos, siempre ausentes de deterioro, embellecían aún más el nombre de Radengarth. Era una marcha agradable para la vista y además el silencio ayudaba a contemplar los detalles de cada estructura, pero Erwin ya conocía cada una de estas. Por ese motivo el joven heredero no entendía la finalidad de este paseo, pero tampoco se atrevía a cuestionarlo alzando la voz frente a su padre. Esperaría hasta que el propio Viktor ayudara a Erwin a dar con la conclusión de esta marcha.


Y tras media hora de un enigmático tránsito por la arquitectura más bella que el Imperio podía ofrecer, Viktor se detuvo frente al edificio más emblemático de todos. Uno cuyos colosales muros y torreones llegaban a tapar el sol, y cuya extensión era tan amplia como un distrito de la capital: el Palacio Imperial.


Fue allí cuando Viktor, absorto en su mirada ante los imponentes muros del palacio, dedicó sus primeras palabras a Erwin.



—¿Cómo definirías todo aquello que has visto?


Sus preguntas solían ser difíciles de contestar, y más por una mente en formación como la de Erwin, que aún no llegaba a alcanzar la mayoría de edad. Tardó unos segundos en seleccionar mentalmente las palabras adecuadas para responder.


—Es... la gloria y el poder del Imperio, padre.


—Efectivamente. Patriotismo. Cada uno de estos edificios ensalza tu corazón. — respondió Viktor. —¿Y a ti, Erwin, también te causa ese orgullo?


Tras la formulación, Viktor desvió su vista del edificio para observar detenidamente a su hijo. Erwin sabía que cuando era observado por esas lentes redondas había algo que se esperaba de él. Probablemente iba a ser evaluado por lo que iba a responder, así que se tomó su tiempo para ello. Era siempre de respuestas rápidas y apasionadas, pero en presencia de Viktor, Erwin apostaba más por una temerosa reflexión en pos de evitar su decepción.


—No, padre. No me causa más orgullo que el de la admiración por la belleza de estas obras. Nada más. — mintió deliberadamente. Y era evidente, ya que empleaba palabras muy poco propias en una respuesta sincera. Era cierto, todos estos edificios siempre causaron expectación en el joven heredero, pero también sabía que su padre apostaba más por la lógica que la pasión.


Viktor mantuvo un tenso silencio en el cual su gesto se mostraba inmutable. Nada podía asegurar si esa contestación le había agradado o no. Con su habitual tono, continuó la convesación.


—Todo aquello que has visto, Erwin, está creado bajo un único fin. El de unificar a un pueblo capaz de obedecer las órdenes de sus gobernantes. Cada símbolo, cada monumento... cada edificación enseña a cada habitante la gloria de un imperio por el cual merecería la pena morir. — cada una de sus palabras eran pronunciadas con una convicción tan lógica y calmada que se hacía difícil de refutar —Esta belleza que observas sólo obedece al propósito de subyugar al pueblo ante el espectro de la admiración... y eso, hijo mío, es una forma sutil de tiranía.


—No tiene eso sentido... — se atrevió a responder Erwin, ceñifruncido. —Este imperio se erigió tras una rebelión contra el Tirano.


—Así es, pero ningún gobierno es capaz de dejar de lado esa tiranía, por mucho que la detesten. Un pueblo sin control está abocado al caos, Erwin. Y el caos es impredecible, terrible para aquellos que gobiernan.


Asintió ante las palabras de Lord Viktor, que sin duda se formaban como una lección que el hijo tenía que atesorar. Con esa reflexión, Erwin contemplaba de otro modo la magnificencia del Palacio Imperial frente al que se encontraban.


—Este es sólo uno de tantos signos de tiranía que el imperio de Tryngard ejerce sobre sus habitantes. Signos sólo perceptibles para el ojo sabio y entrenado. Tu conclusión debe ser, Erwin, que esta nación no es tan diferente a aquella de la que se rebeló. Este pueblo condena al Tirano, condena también a RocaInfernal, pero eso no les hace dejar de ser lo que son: siervos carentes de criterio y a merced de los designios de una autoridad. Fueron entrenados para obedecer y al final, por muchas rebeliones que lideren, su naturaleza siempre les abocará a la sumisión.


No había mesura en las palabras de Lord Viktor, fuertes y tajantes para que entraran en la mente de su hijo. Enseñanzas claras para un heredero con un cometido que cumplir. Con la guardia personal a varios metros de distancia y sin nadie más alrededor, esta conversación solo quedaría escrita en lo más profundo de la conciencia de ambos. Erwin no sabía cómo responder ante estas revelaciones, solo mostrando silencio como contestación.


—Tenemos un deber para con esta gente, Erwin. Debemos conducirlos a sus antiguos amos y que sirvan ante quienes realmente los entrenaron para ello. Toda esta simbología patriótica y gloriosa que te rodea no son más que los restos de esa tiranía que en su día aprendieron. — mostró nuevamente Viktor un silencio, asegurándose así que su hijo estaba plenamente concentrado en cada una de sus palabras — Tiempo hace, sobre el suelo que pisamos se erigían estructuras que hacían temblar la tierra. Monumentos que de tan sólo verlos hasta yo mismo palidecería. Auténticas representaciones de la majestuosa tiranía de las que ahora sólo quedan su recuerdo.


Sus palabras provocaron que Erwin diera rienda suelta a su imaginación. Si todo lo que en ese momento estaba observando resultaba impresionante, ¿cómo sería aquello que representaban las palabras de su padre?


—De nosotros dependerá si en un futuro esa era se repite para Radengarth... — se atrevió Erwin a responder, rompiendo su silencio.


—Esa es la causa por la que existimos y vivimos aquí. — afirmó Viktor — Nosotros somos los primeros hijos de Radengarth... aquellos cuya sangre aún permanece fiel al verdadero gobernador. Somos quienes no olvidamos la lealtad a quien, por voluntad de Kravas, algún día tomará control de toda Zanundor. Y a quienes se nos concederá la gloria y la hegemonía sobre esta nación si la devolvemos a sus anteriores manos.


—Los primeros hijos... — musitó Erwin en voz baja, pero audible dado el silencio ambiental —Entonces mi deber es derrocar al gobierno de Radengarth y entregárselo al Tirano.


— ¿Tu deber? Ese deber debe extenderse a un gran colectivo si lo que deseamos es triunfar sobre esos advenedizos. Fue un ejército lo que liberó esta ciudad de las cadenas de Coriazstraza, y deberá ser un ejército quien hará volver su nombre a Radengarth. Si actuamos en solitario, simplemente fracasaremos y yaceremos en ese olvido por el que desde hace generaciones los von Krieger han luchado por evitar. — advirtió Viktor haciendo gala de su habitual severidad.


—Y todo esto me lo cuentas, padre, porque seré yo quien cargue con esa misión. — dijo Erwin con una entonación afirmativa, aunque más bien parecía tratarse de una pregunta.


—Más y más enemigos se extienden alrededor de nuestro apellido. Proliferan cada vez más conscientes de dónde reside nuestra verdadera lealtad. Puede que no esté tan cerca el día en el que haya un alzamiento contra nosotros, y para ese momento tú tendrás el deber de continuar con la misión. 



Volvió a callar observando a su propio hijo. Una vez más invocó un silencio tenso en el cual Erwin no sabía cómo romper. El sol comenzaba a despuntar su brillo en el alba, indicando así el comienzo del día y el final del momento tan preciado de Viktor. Con los primeros rayos de luz reflejados en esas lentes que a veces se antojaban siniestras, este pronunció con una voz suave pero no exenta de autoridad.


—¿Podré contar contigo para semejante tarea?


Desde que nació, Erwin había sido adiestrado para contestar esa pregunta. Tantas lecciones, tantos castigos y tantas horas invertidas daban forma en este simple momento. Él sabía que a partir de esta contestación, su relación con Viktor pasaría a un siguiente nivel. A uno en el que comenzaría a tratarlo como al auténtico heredero de su obra, y no un simple alumno.


Por ello, siquiera en diez vidas Erwin podría plantearse otra reacción que la de llevarse el puño al pecho y, con una aprendida reverencia, responder.


—Sí, padre. Seré fiel a ese propósito hasta el final de mi existencia. Y que me espere el castigo del Infierno si oso fallar a esta lealtad.


Viktor no parecía complacido, ni tampoco en desagrado. Su semblante continuaba mostrando esa tranquilidad absoluta, bien entrenada para esculpirse en un perfecto líder. Tampoco elaboró respuesta, sólamente llamó la atención a su guardia personal para que fuera seguido en el camino de vuelta a su hacienda. Erwin, por los años conociendo a su padre, sabía que para bien o para mal esa conversación había terminado. 



Dejó marchar a su padre sin seguirle en el camino de vuelta. Sus ojos fueron dedicados a cada uno de esos monumentos y edificaciones que se erigían a su alrededor, ahora dotados de un retorcido significado.

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Ravenguard

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MensajeTema: Re: [Facción] Los Primeros Hijos   Miér 13 Dic 2017, 14:12




Los Primeros Hijos o Die Erstën Söhne es el nombre dado a una organización jerárquica con lealtades declaradas a RocaInfernal. Fue fundada en el año 834 por Lord Hinrich von Krieger en la ambientación de una Radengarth liberada de la tiranía de Corazstraza. Durante sus años primerizos estuvo compuesta por miembros de una élite monetaria e influyente leal al culto de Kravas, aunque con el tiempo el culto de Enkigal comenzó a tener aceptación en la organización.

Su presencia en la sociedad imperial se mantenía estrictamente en las sombras y sus protocolos incluían un secretismo basado en seudónimos y puntos de reunión alejados del entorno urbano. Pertenecer a esta organización era una tarea difícil, puesto que todas las posibles incorporaciones eran sometidas a una minuciosa investigación a fin de evitar cualquier lazo con los cuerpos de la ley o la iglesia de Tryngard. Además, necesitaba la aprobación del líder y de más de la mitad de la cámara para formar parte de tan selecto enclave.

Tras la muerte de Lord Hinrich, su hijo Viktor tomó el relevo en el liderazgo de esta facción. Su mandato se vio nublado por tiempos difíciles, puesto que las autoridades de Radengarth sospechaban de los von Krieger y habían iniciado varias investigaciones para dar a luz a sus verdaderas lealtades. Lord Viktor, consciente del daño que podía recibir todas las familias implicadas, tomó la decisión de disolver esta organización en el año 882 y centrar todos sus esfuerzos en ralentizar y obstaculizar los procesos de investigación de las autoridades imperiales.

No fue hasta el año 902 cuando Erwin, hijo de Lord Viktor, tomó la iniciativa de refundar a los Primeros Hijos. No obstante, acorde al estado de fugitivo que padecía tanto su familia como sus allegados, decidió aplicar una fuerte reforma a la organización a fin de volverla más militar y abandonar dicho secretismo en pos de una actitud con mayor presencia territorial. Sus objetivos, en cambio, permanecían fieles a los de su abuelo fundador.




Los Primeros Hijos están consagrados a un objetivo mayor, tratándose del debilitamiento y destrucción del imperio de Tryngard en pos de que Radengarth vuelva a la tiranía de su antiguo señor y soberano de RocaInfernal. Cada esfuerzo invertido y cada gota de sangre derramada vienen a causa de cumplir tal ambicioso propósito.

Otros objetivos menores son la adquisición de conocimientos, presencia y poder tanto político, como físico y social. Al considerar los enemigos de RocaInfernal como suyos, se ven en la tesitura de superar a un gran espectro de adversarios. También ven como objetivo honrar a las deidades asociadas mediante misas, rituales y obediencia a sus dogmas. 

Por último, los Primeros Hijos buscan tanto castigar severamente toda afrenta recibida como compensar generosamente los gestos de lealtad. Dan de este modo una información de cómo reaccionarán tanto a aliados como a enemigos, entendiéndose que no preescriben los actos hacia esta organización, sean a favor o en contra.



Para una organización de carácter tan estricto se ven precisas unas leyes capaces de garantizar la lealtad y la eficacia de cada uno de sus miembros. Se resume en seis puntos concretos y bien definidos:

1. Todo miembro debe acatar las órdenes de sus superiores, sin excepción. Así mismo, todo infractor debe estar dispuesto a ser castigado de la forma que mejor considere dicho superior.

2. No se deben compartir los asuntos o secretos de la facción con miembros ajenos a esta.

3. Es intolerable la conspiración, la traición o cualquier agresión hacia otro miembro de la facción. El castigo por este desacato vendrá de la mano del propio Líder. La única excepción a esta normativa es entre miembros dentro del Zweikampf*.

4. Atentar contra el líder ya sea en su integridad física, en su voluntad o en su palabra conllevará la reprensión y el castigo de toda la cúpula de mando.

5. Se debe prestar máxima obediencia a todas las formalidades religiosas. Cualquier falta de formalismo durante una misa o ritual será penado como un acto de traición.

6. El fracaso o el incumplimiento de los objetivos marcados para una misión será penado como un delito de traición.

Zweikampf o duelo formal*: concesión que puede realizar el Líder a causa de la disputa entre dos miembros de la organización. Ambos contrincantes miden sus fuerzas en un duelo que puede resolverse en una confrontación directa o mediante la intriga. La única norma es que sólo pueden acudir a sus propios recursos, sin pedir ayuda a terceros. El duelo terminará según las bases y cláusulas que el Líder vea conveniente.

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Ravenguard

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MensajeTema: Re: [Facción] Los Primeros Hijos   Lun 08 Ene 2018, 15:47



Los Primeros Hijos, a diferencia de la mayoría de facciones, sostiene un sistema jerárquico tan firme y detallado que todo miembro es consciente tanto de sus privilegios como de sus responsabilidades. Sigue una disciplina construida en el ascenso mediante veteranía, lealtad, eficacia y la voluntad de los altos mandos. Así mismo, el incumplimiento de las leyes mencionadas en el punto anterior conlleva una repercusión traducida en degrados de rango y pérdida de privilegios.

La estructura de esta jerarquía es piramidal y se divide en varios círculos. Cada círculo tiene autoridad sobre los anteriores, creándose así un concepto de mando y obediencia (todos mandan, todos obedecen). Sólo hay dos excepciones a dicho concepto: el Líder Supremo cuya palabra no es sometida a la de ningún miembro de la facción y los esclavos, cuya ausencia de derechos les inhibe de tener mando sobre alguien.

Del mismo modo, esta jerarquía se ramifica principalmente en tres ramas o estamentos. El primero es el estamento arcano, encargado del conocimiento, la investigación y el desarrollo . El segundo es el estamento militar, encargado de la instrucción, estrategia, seguridad, combate. Finalmente está el estamento clerical, encargado de garantizar el apoyo divino, curación y aspectos sociales de la beligerancia como la diplomacia y la propaganda.

A continuación se muestra un mapa conceptual que facilita la comprensión de la jerarquía, escalando desde el primer círculo hasta el noveno. Después se explica las funciones de cada rango.

Mapa conceptual de los Primeros Hijos:
 



Esclavos: Comprados en los respectivos mercados o adquiridos como botín de guerra. Carecen totalmente de privilegios, y su servicio consiste en realizar trabajos forzados o servir de entretenimiento a los círculos superiores. También se utilizan como objeto de sacrificio en rituales y misas.



Aspirantes: Son aquellos interesados en pertenecer a la facción y los esclavos con el suficiente talento para que dejen de ser considerados meras herramientas vivientes. A grandes rasgos son tratados por los superiores también como esclavos aunque, a diferencia de estos, a los aspirantes se les evalúa constantemente sus capacidades y actitud. Finalmente, cuando la cúpula de mando lo ve adecuado, un aspirante asciende a iniciado mediante un ritual de bienvenida.

La mayoría de seres libres atraídos por los Primeros Hijos comienzan sus pasos en este rango. 



Iniciado: Miembros de facto en la organización. Sus funciones se basan en obedecer y aprender. Tienen el deber de mostrarse útiles para los planes de los Primeros Hijos y seguir con fidelidad cada enseñanza impartida por los círculos superiores. No obstante, aquellos iniciados que deseen progresar jerárquicamente no sólo deben mostrar sumisión, pues se espera también una capacidad de iniciativa que de un reflejo a su ambición. 

El mariscal y el senescal observan minuciosamente a los iniciados, a veces de forma evidente en sus clases y en otras ocasiones mediante la sutileza a través de los ojos de algunos seguidores. Cuando la alta cámara considera digno a un iniciado, este es examinado mediante métodos draconianos a fin de conocer a fondo todas sus habilidades y recursos bajo las condiciones más extremas. Si los desafíos impuestos son superados, dicho iniciado pasa a formar parte de una instrucción arcana o una instrucción de combate. Esta decisión se basará en relación a las aptitudes que ha mostrado el examinante bajo el criterio del mariscal y el senescal.

Hay una excepción en la hora de la evaluación de aquellos cuyo poder es derivado de la fe de una deidad. El Líder Supremo los toma personalmente como adeptos a su servicio.



El iniciado ya ha tomado una senda que seguir. Amparado bajo la sombra de un estamento, se debe desarrollar de la forma que en este le corresponda. Su función es cumplir con las órdenes, y servir de ejemplo de obediencia para los miembros de círculos inferiores.

Aprendiz: Primer escalón de la jerarquía arcana. Su función es el aprendizaje por medio de la observación, la reflexión y el estudio. Sirven como ayudantes en los trabajos de investigación. Tienen el deber de comprender las escuelas de magia, así como el de preguntar cuando sean invadidos por la duda. Adquieren el compromiso de entender que los múltiples saberes del mundo, el estudio y la constante práctica son los ingredientes básicos para obtener poder.

Soldado: Primer escalón de la jerarquía militar. Instruidos en las aptitudes físicas, así como en la táctica del combate. Son sometidos a un riguroso entrenamiento donde el esfuerzo compensa al fuerte, mientras que el débil queda condenado al sufrimiento, al castigo y, en el peor de los casos, a la muerte. A pesar del valor que adquiere el cuerpo en este estamento, también influye en gran medida el adoctrinamiento de la disciplina y un código estricto de conducta.  

Adepto: Primer escalón de la jerarquía clerical. Comienzan a ser instruidos en la fe de su deidad, así como en disciplinas de sanación. Del mismo modo, también se encargan de asistir las misas, ritos y ceremonias de la facción. Se les aplica el dogma como una ley que guiará su conducta, actos y emociones. Así mismo, se les desprovee de todo sentimiento que viaje más allá de los dominios de su religión, en una draconiana doctrina que les prepara para ser dignos avatares del dios al que veneran.



La cámara alta, o bien las autoridades del sexto círculo, han percibido en el individuo las aptitudes necesarias para comenzar a tener responsabilidades serias en la facción. Dejan así de ser aprendices, convirtiéndose en miembros productivos. Todos ellos son fieles a sus superiores. La rebeldía es un rasgo que debe estar ausente en ellos a estas alturas, y su instrucción tiene que traducirse en un compromiso pleno con los Primeros Hijos y sus líderes.

Taumaturgo: Segundo escalón de la jerarquía arcana. Llegados a este punto, los taumaturgos son poderosos adversarios muy versados tanto en el empleo de artes arcanas como en el hábil manejo de la persuasión y la astucia. En su mayoría silenciosos, pues saben que la escucha y la observación son vehículos de conocimiento.Se espera que cuando hablen, sus palabras tengan la razón necesaria para resolver un problema o desencriptar un misterio. Sus labores de investigación consolidan la mayor fuente de poder de los Primeros Hijos, por lo que se convierten en valiosas piezas para la facción.

Caballero: Segundo escalón de la jerarquía militar. Su rigurosa instrucción en cuerpo y mente les ha convertido en ejemplos a seguir en los Primeros Hijos. Son el pilar angular de defensa de los intereses de la facción, y aventajados combatientes con un firme propósito de valentía y lealtad. Conocen el concepto del sacrificio, y están dispuestos a llevarlo hasta el último significado. Su principal función consiste en la protección del resto de estamentos, así como velar por el orden, la ley y los intereses de la cámara de mando.

Discípulo: Segundo escalón de la jerarquía clerical. En este momento se han convertido en auténticas voces de sus deidades. Conocen su posición en la religión, y entienden el dogma como un modelo de vida. Así mismo, los discípulos muestran completa lealtad al Líder Supremo, llegando incluso a desempeñar misiones que sólo ellos conocen. Así mismo, los discípulos son los guardianes de los secretos de la facción, y son plenamente conscientes de las conspiraciones de esta, tan a corto como a largo plazo. 



A este círculo se puede acceder sólo por la aprobación de la cámara alta y la aprobación del Líder Supremo. Consiste en el acceso a las máximas competencias dentro de la jerarquía destinada al otrora iniciado. Sus aptitudes se demuestran capaces no sólo de seguir con eficiencia la doctrina de los Primeros Hijos, sino de evolucionar la facción tanto en conocimientos, como en poder y prestigio. Es el máximo círculo accesible, y como tal sus miembros tienen potestad total sobre los tres estamentos. Acceder a este rango viene de la mano con responsabilidades propias como reconocidas autoridades en la jerarquía.

Maestro: Tercer escalón de la jerarquía arcana. Un rango de prestigio entre los suyos y un modelo de conocimiento y poder. Sus palabras obedecen a una verdad difícil de cuestionar por la mayoría de los Primeros Hijos, y su función principal no es otra que responder dudas y ofrecer guía a todos aquellos de la facción que más puedan sentirse confusos. Para acceder a este rango se debe superar una tesis, evaluada por el Senescal.

Capitán caballero: Tercer escalón de la jerarquía militar. De entre los caballeros, aquellos con más veteranía, eficacia y lealtad son premiados con este rango. Además de las funciones de un caballero común, tienen el deber de enseñar disciplina militar a los iniciados y de comandar al resto de tropas en una misión bélica. Para acceder a este rango se debe superar un desafío de combate, evaluado por el Mariscal.

Prelado: Tercer escalón de la jerarquía clerical. Son las autoridades religiosas, y también los confidentes del Líder Supremo. Encargados de celebrar las misas y ceremonias oficiales de la facción, transmiten la voz de los dioses así como las palabras del Líder. Son, además, encargados de asuntos como la propaganda y la imagen de cara al público de los Primeros Hijos. Para acceder a este rango se debe superar una prueba de fe, evaluada por el Líder Supremo.



De forma contraria a los círculos anteriores, este no difiere del anterior por  tener una mayor autoridad, sino por pertenecer a una élite exclusiva. A nivel de mando, tanto el séptimo como el sexto círculo tienen el mismo. La única distinción de este círculo se refiere al renombre de poseer un cargo con responsabilidades muy comprometidas con la facción hasta el nivel de decidir los éxitos o fracasos de todo el colectivo con su intervención. 

Campeón: Sin lugar a dudas el modelo a seguir para todo miembro. Quien haya llegado a este cargo representa un ejemplo viviente en los ideales de los Primeros Hijos, y sus méritos hablan por él. Carga con el peso de la moral del grupo, por lo que no puede permitirse mostrar debilidad en público. En caso de que los Primeros Hijos sean desafiados, es el campeón quien responde con un duelo singular contra el infractor. Es, en definitiva, la cara visible y externa de la facción, y quien responde a un propósito limpio y virtuoso dentro de sus retorcidos estándares.

Agente: Si bien el campeón es una imagen externa, el agente actúa desde las sombras. El perfil que se busca de este viene muy relacionado al subterfugio, la teatralidad, la improvisación y, sobre todo, la capacidad de engañar. Él responde a los desafíos de los Primeros Hijos, pero no mediante duelo singular... sino mediante el sabotaje. El agente se encarga de llevar la guerra al territorio que los líderes desean, y quien se responsabiliza de hacer realidad todas las intrigas planeadas.



El octavo círculo también puede ser llamado la alta cámara. Es el órgano dirigente de la facción, conformado por miembros seleccionados exclusivamente por el Líder Supremo como sus lugartenientes. Tienen pleno control sobre el resto de miembros, y las resoluciones tomadas por ellos marcan el rumbo a seguir de la facción. En dicha cámara también se ponen en marcha las conspiraciones, así como los debates acerca de pretensiones y objetivos. En la mayoría de reuniones el Líder Supremo también está presente, aunque tienen potestad de convocar la cámara sin su presencia.

Senescal: Máximo representante del estamento arcano y encargado del correcto funcionamiento de este. Además, es responsable de los suministros y líder del equipo de investigación. Por sus manos pasan todos los asuntos que competen la administración civil tales como la producción, la economía y la gestión territorial. Así mismo, está comprometido al desarrollo a fin de mantener a los Primeros Hijos como pioneros en tecnología, magia, conocimiento y recursos. Por si esto fuera poco, el Senescal es el encargado de representar a la facción en relaciones públicas o diplomáticas.

Mariscal: Es la autoridad máxima del estamento militar, y como tal comandante de todas las fuerzas armadas. Su deber trata de que cada miembro esté preparado para una guerra bajo sus órdenes, sin importar en qué estamento está siendo instruido. Además, el Mariscal se encarga de deliberar los movimientos militares, desde una escaramuza hasta una multitudinaria incursión. Tiene pleno control sobre los fondos monetarios distribuidos a fines bélicos y en su juicio está administrar la defensa de los territorios o propiedades de los Primeros Hijos.

Ejecutor: A diferencia de los otros dos miembros de la alta cámara, el Ejecutor no es representante máximo de un estamento. A cambio, responde a la imagen del miedo y el castigo... pues su deber es garantizar el orden interno en los Primeros Hijos como máxima autoridad judicial. Imparte sentencia ante cualquier signo de rebeldía, traición o incompetencia que pueda comprometer a la facción, especialmente al Líder Supremo. Además, es la autoridad encargada de decidir sobre el destino de los prisioneros de guerra.



Líder Supremo: Indiscutible voz y voluntad de los Primeros Hijos. Su poder es absoluto dentro de la facción, y es el único capaz de vulnerar o alterar las leyes internas. Es la palabra de más peso en cualquier decisión, capaz de revocar incluso los veredictos de la Alta Cámara. También es la máxima autoridad clerical, así como el encargado de la administración de fondos en causas civiles o militares. Por último, el Líder Supremo es la única autoridad capaz de declarar la guerra a otra facción.

Todo miembro de los Primeros Hijos está atado al Líder Supremo mediante un juramento de lealtad. Su sumisión a él debe ser mayor que incluso a las propias leyes de la orden.



Anotaciones:

* Los mandatos no son exclusivas del mismo estamento. Un caballero, por ejemplo, puede dar órdenes a un aprendiz del mismo modo que un prelado puede ordenar a un caballero. El estamento sólo tiene relevancia en las funciones y la instrucción, no en la autoridad.

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[Facción] Los Primeros Hijos
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