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 Erwin von Krieger - Más allá de lo absoluto

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Ravenguard

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Mensajes : 9
Fecha de inscripción : 16/10/2017

MensajeTema: Erwin von Krieger - Más allá de lo absoluto   Vie Oct 27, 2017 8:55 pm

Edad: 24 años
Raza: Humano
Clase: Clérigo
Deidad: Kravas
Ocupación: Ninguna
Alineamiento: Legal Maligno
Erwin von Krieger
"El Subyugador. El príncipe déspota"

Descripción física

Fiel al aspecto de los von Krieger, el semblante de Erwin destaca por unos ojos celestes en contraste con su larga melena azabache. Su rostro apolíneo acompañado de unos fuertes rasgos afilados perfilan al hombre como atractivo y siniestro a partes iguales.

Su físico atlético da fe a sus años de intenso entrenamiento y disciplina. Así mismo, todo su cuerpo es un lienzo de cicatrices impuestas como recordatorio de su pasado instructor ante su rebeldía.

Suele portar una mirada apática y aburrida. Viste generalmente con armaduras de motivos ennegrecidos y su pertenencia más reseñable es un medallón con el símbolo de Kravas que no tiene reparo en enseñar.

Descripción Psicológica

Altivo, orgulloso y prepotente pero también apático y difícil de impresionar. Así se caracteriza Erwin, que a su temprana edad espera muy poco de aquellos que no comparten su apellido. Su concepto del honor está retorcidamente alterado por uno de oportunismo y astucia. Sólo trata con cortesía a aquellos de los que realmente puede obtener algún beneficio, y para aquellos que se inclinan ante él, Erwin les reserva un carácter despótico, sádico, cruel y despiadado. Entiende que ese tipo de valores caracterizan al poderoso, y está dispuesto a sacrificarlo todo por demostrar que es el más fuerte.

No obstante, pese a disfrutar con la dominación, Erwin también conoce el concepto de la lealtad hasta el punto de la servidumbre. Rinde plena pleitesía al dios de la Tiranía así como al emperador de RocaInfernal porque así fue adoctrinado. Desde su infancia entendió que es su deber hacerlo, y no tiene dudas sobre su cometido.

Su ira no suele ser contenida. La mayoría de veces explota y precisa de una influencia externa para ayudar a canalizar su temperamento. Demuestra ser apasionado, pero también un gran estratega si le mueven sentimientos como la venganza o el odio consumado hacia un adversario. 

Disfruta regodeándose de la victoria hasta el punto de ser capaz de estudiar a sus adversarios para saber cómo ganar. Sin embargo, Erwin suele cegarse con la derrota y todas sus virtudes lógicas se resquebrajan cuando se topa contra el primer fracaso.

Historia


Las innumerables sombras que propiciaban las espesuras del Bosque Profundo se arremolinaban en una siniestra vorágine de oscuridad en la que avistar algo lejano suponía un desafío. Tantos árboles similares combinados con la penumbra nocturna configuraban el sitio idóneo para un encuentro clandestino.

En él, dos hombres de ropajes de cuero marrón reforzado se encontraban aguardando. Uno de ellos llevaba un mapa, y podía discenirse que estaba algo perdido por cómo alternaba su visión entre este y su alrededor. El otro cargaba una ballesta con virote cargado y, aunque tenía la guardia baja, se le notaba nervioso y con ganas de disparar a lo primero que se moviera. En definitiva, ambos no tenían por qué estar allí. No conocían el lugar ni estaban familiarizados con él, pero tampoco se movían en ninguna dirección. Sólo se mantenían allí, espectantes

El motivo que les hacía esperar en semejante emplazamiento no tardó demasiado en aparecer, aunque ellos sentían que habían aguardado una eternidad. Se trataba de una figura envuelta de una armadura plateada otrora brillante y lustrosa, ahora sucia y algo oxidada. Su rostro, cubierto por un yelmo, ocultaba su expresión facial y su mano derecha estaba acompañada por una espada insignia que los dos visitantes del bosque reconocieron con tan solo mirarla de lejos. Se acercaba a pasos pesados y amplios hacia ellos y estos se limitaban a escucharlos. El de la ballesta bajó aún más el arma, si cabía, para evitar que pudiera llegarse a pensar que entablaría una acción hostil contra aquel hombre acorazado.

Cuando recortó la distancia suficiente para la conversación, se manifestó un inquietante silencio entre los tres que duró segundos. Al final, fue el mismo caballero quien alzó la voz. Una voz joven, pero distorsionada por el efecto metálico de su casco.

- Vuestra familia sirvió bien a mi padre durante los últimos treinta años. Es hora de que hagáis una muestra de vuestra lealtad.

Uno de ellos, aquel del mapa, se adelantó un paso sobre el de la ballesta. Le dirigió una mirada silenciosa y reflexionó unos segundos antes de hablar.

- Vuestro padre no está aquí, mi señor Erwin. Ni lo estará, sabéis mejor que yo los rumores. Y mi servicio era hacia él.

- ¿Debo enseñaros que la servidumbre es hacia una familia y no en exclusiva a mi padre? - vociferó Erwin sujetando la espada con las dos manos, muy dispuesto a utilizarla pronto. - Porque podría tener tiempo para daros un par de lecciones.

El hombre suspiró y se llevó una mano a la sien, rascándosela. Sentía miedo, era normal sentirlo hacia un von Krieger. Pero Erwin no se asemejaba ni por asomo al carisma de Viktor, ni tampoco su misma habilidad para mantener a sus aliados.

- Servir a vuestra casa ahora es traición, mi señor Erwin. Todo el imperio os busca y aunque lo último que desee es que os encuentren, debéis entender también que no podeís condenarme a mi y a mi familia al exilio. - explicó en respuesta con un tono diplomático y calmado.

- Palabras que sólo alguien cobarde pronunciaría. - su espada se dirigió al cuello de su interlocutor y a través del yelmo lanzó una mirada desafiante al portador de la ballesta. Este, alarmado, sólo retrocedió para tener más distancia con él - ¡Sin nosotros, jamás habríais llegado a nada! ¿Cómo osáis... hablarme aquí de traición?

No hubo respuesta por su parte, al menos en un primer momento. Sabía que los von Krieger cumplían gustosamente sus amenazas, así que seleccionó con cuidado sus siguientes palabras.

- Mi señor... nosotros no tenemos ningún tipo de poder en Radengarth. Uniéndoos a vos no conseguiríais nada más que compartir esta desgracia. Dejad que nos mantengamos allí. Dejad que esperemos mientras recuperáis las fuerzas para atacar. - alzó las manos y se apartó de la trayectoria de esa espada que se antojaba impredecible - De lo contrario, estaréis  condenado al fracaso.

Sus palabras, aunque pronunciadas con miedo, evidenciaban una reticencia a seguir la causa de los von Krieger. Si fuera otro contexto aquel que los reunía, jamás se hubiera atrevido a tomar esa posición, pero en estos momentos Erwin se presentaba alguien más dócil y maleable que su desaparecido padre. Aunque fue instruído en política y entrenado para ser un digno sucesor de la casa, carecía de la experiencia de Lord Viktor. Ahora los von Krieger no parecían ser tan temibles, y eso provocó que sus vasallos más leales se replantearan esa fidelidad. A fin de cuentas, nadie quiere seguir una causa que parece ir en contra de un pronóstico de victoria, sea cual fuere el juramento que hicieron en un pasado.

Erwin había tomado el timón de un gran barco en hundimiento y veía cómo toda su tripulación saltaba por la borda para evitar morir con él. ¿Y qué podía hacer ante dicha situación?

- Tenéis razón. Ahora mismo nada os ata a los von Krieger. - pronunció Erwin con una voz reveladora de ira contenida. Su espada bajó en consecuencia, pasando así de ser una amenaza a un simple objeto de apoyo del caballero. El hombre suspiró, y el de la ballesta pareció haber sentido el mayor alivio de su vida. Ambos se relajaron y expulsaron un aire que hasta el momento habían decidido retener de forma inconsciente.

- Gracias por vuestra comprensión, mi señor. Mi mujer y yo guardamos los mejores dese...

- Aún no he acabado. - inquirió Erwin con un tono violento.

Volvió otra vez a reinar el silencio sobre la espesura boscosa. Las tensiones afloraron una vez más.

- ¿Qué más tenemos que concretar? - repitió su interlocutor con el ceño fruncido.

- De tu traición a la voluntad de un ser mucho más poderoso que tú y yo. De un ser que, a nuestro lado, nos convierte en insignificantes.

Antes de que pudiera entender a qué podía referirse, el von Krieger alzó su zurda enguantada contra él. Mediante una sencilla gesticulación, un proyectil de oscuridad fue disparado desde su posición hasta el torso de su objetivo. Sin poder evitarlo, el proyectil impactó en él y con este sucedió una suave explosión. La muerte fue inminente.

Sólo quedaba un hombre; el de la ballesta, que sin creer lo que acababa de ver apuntaba a Erwin con un pulso cuestionable. Su compañero yacía en el suelo, con su torso calcinado y una mirada inerte. Y él, conmocionado con semejante escena, apenas tenía fuerzas para disparar.

- Ya has sido testigo del poder del dios de la tiranía sobre tu compañero. - su yelmo volvió a dedicarle una mirada tan vacía como cargada de desafío - ¿Deseas que vuelva a mostrarlo? Pues Kravas es generoso en cuanto a castigar la rebeldía.

El miedo se había apoderado de él, de tal forma que hasta sentía miedo de correr de él. Estaba paralizado. Si intentaba hablar, sólo escupiría palabras temblorosas y sin sentido. Sólo podía asentir. Asintió varias veces, tirando la ballesta al suelo en señal de que no osaría dispararla contra él.

- Lárgate y cuenta al resto de los antiguos vasallos de mi padre lo que aquí ocurrió. - comentó Erwin sin tapujos a la hora de controlar su temperamento - ¡Y diles que si optan por el camino de la rebeldía ante mi legítima autoridad, se encontrarán con destinos mucho más creativos que la muerte!

Esas palabras, inquietantes y amenazadoras, venían con el permiso implícito de poder marcharse. Y el hombre así hizo. Se marchó con todas sus fuerzas en la primera dirección que encontró a fin de escapar de ese bosque. 

Cuando sus pisadas se alejaron tanto que apenas se oían, Erwin se permitió quitarse al yelmo y mostrar una expresión tan colérica como cansada. Suspiró al contemplar el cadáver de su antiguo vasallo, aunque no le dedicó nada más que una mirada apática. Después se sentó en una de las rocas cercanas y, clavando su hoja frente a él, comenzó a reflexionar.

Aún tenía el don de Kravas, pero sin autoridad para ejercer la tiranía sabía que su poder iría menguando. Además, la situación era fatídica tanto para él como para el resto de supervivientes que se escondían con él. Vivían en una cuenta atrás hasta que el imperio de Radengarth decidiera invertir su capital en cazar a los remanentes de los von Krieger, y entonces sólo un milagro sería capaz de salvarles de ese destino.

Pero mientras esa cuenta atrás no hubiera terminado, Erwin se encargaría de usar todas las tretas posibles para la supervivencia. Acababa de usar la intimidación, pero aún le quedaban muchas otras técnicaspara retrasar lo que parecía ser inevitable para los suyos.

Era el momento de demostrar tantos años de entrenamiento e instrucción. Era el momento de hacerse valer. Por él y por su señor.
©️ HARDROCK
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Erwin von Krieger - Más allá de lo absoluto
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