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 Lyriel. Guardiana del bosque.

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Mensajes : 3
Fecha de inscripción : 28/05/2017

MensajeTema: Lyriel. Guardiana del bosque.   Lun 02 Oct 2017, 02:37

Era un día de verano en Gondolin ‚‘‘la roca escondida‘‘. Me apresure a abrir la puerta de casa, el cielo estaba celeste, no había nubes y los primeros rayos de sol ya  me daban en mi rostro. Aún estaba amaneciendo, toda la ciudad estaba tranquila, se escuchaba el canto de los pájaros, sentía el roció de la mañana en mi piel. Inspiré hondo, posando mi mirada en las montañas que rodeaban la ciudad. 
Todos los años las veía desde allí, así como a los distantes bosques de Gondolin. Me provocaba una extra sensación, como si la naturaleza misma me llamara para ir, sentía que ese bosque me gritaba. 

Aun así mi padre siempre me agarraba del brazo antes de salir de casa. 

-Eliel!- El recuerdo de su voz engañándome con uno de mis tantos nombres falsos siempre despertaba mi cautela. Fruncí el ceño con actitud rebelde, sentía que el obsesivo cuidado de mi padre me alejaba de lo que mi corazón deseaba realmente. 

Era la única de todas mis hermanas a la que aún seguía llevando a sus negocios, así como también la única a la que aún cambiaba el nombre por precaución. Sin embargo, yo hacía oídos sordos sin interés alguno, solo deseaba salir de la ciudad. No me apetecía conocer a más niños humanos. Mi interés estaba fuera. Y no lo facilitaba el escuchar a mis hermanas hablar del gran río Sirion, decían que era precioso.

Aquel día, decidí mentir a mi padre y decirle que iba a jugar con mis amigos. 


Me coloqué frente al portón abierto de la ciudad y sin mirar atrás dí muchos pasos. Cuando quise darme cuenta, ya estaba allí, en ese precioso bosque. Dejando la ciudad a mi espalda


    






                                                 EL ENCUENTRO CON DRIADAS.

Caminé por el bosque con cautela, mirando fascinada los grandes e imponentes robles que se descubrían en mí andar. Los rayos del sol atravesaban entre las hojas verdes de los árboles.
Sentía que aquello era mi hogar. Me adentre aún más, todo era tan grande  que me sentía como una hormiguita.

Una pequeña lucecita se posó sobre mi nariz, me quede paralizada. Cuando estornude y esta revoloteo por el bosque, la perseguí queriendo atraparla. Sonreía de felicidad.

La lucecita se posó frente uno de los grandes robles. Cuando esta se apagó, me sentía sola entre la oscuridad del bosque, ahora solo me apetecía ir a casa. Miré a mí alrededor y no encontré el camino por el que vine, me entró miedo e inseguridad.


Sentí como alguien tocaba mi hombro. Me giré y mis ojos dorados recorrieron el cuerpo de aquella mujer, tenía la piel extraña como robledizas, de belleza y finura similar a la élfica, pero un poco más alta y más raras por lo que parecía ser maleza entre sus pelos.

        



Esta se movía danzante, hipnóticamente alrededor de mí.

Me habló en un idioma que no entendía y me miraba curiosa al ver que no respondía. Solo  pude observar a esa mujer sin miedo alguno, cuando ella me habló en élfico. 

-Hola pequeña, llevo mucho tiempo esperándote. Tu verdadero nombre es Lyriel, ¿cierto?-ella sonreía con su piel extraña, Su voz era suave y cantarina.

Asentí despacio, agarrando mis ropas con las manos, inquieta:
-Si señorita, soy Lyriel, ¿cómo lo sabes? ¿Es acaso usted es una bruja?.- Pregunté asombrada, conectando mis ojos dorados con los suyos.
-No pequeña.- Decía con voz tranquilizadora, -Pero si conozco todo sobre ti, te vimos llegar a esta ciudad en brazos de tu madre acompañada de tus hermanas, sabemos todo sobre vosotros, pero en especial de ti, eras un bebé cuando sentimos que la naturaleza era tu don, has venido para ayudarnos y salvarnos del poder maligno que acecha estos bosques.
  
-Pero yo solo soy una niña. ¿Que podría hacer yo para ayudaros?.- La observaba confusa, aún curiosa por saber qué era aquella extraña mujer.


-Ya no eres una niña Lyriel.- Decía la dríada tranquilamente. -Eres más inteligente y tienes más años que un simple humano. 
 

 La driada me agarró la mano acercándola hasta el centro del bosque en el cual una luz tenue envolvía el lugar; pequeñas luciérnagas bailaban alrededor de los grandes robles. Ella me señalaba, quería que me fijara. Miré atenta, veía como los robles se movían tomando forma de bellas mujeres con sus pieles extrañas. 



Me acogieron, me enseñaron el idioma del bosque. Aprendí a ser sigilosa, a vestir como ellas, a escuchar al corazón de la naturaleza. Crecí con ellas, aquello era mi hogar. 

Mi única debilidad sería aprender a usar el arco, cosa que para mi sorpresa no se me hizo tan difícil aprender, pues sentía como si fuera parte de mí.  


                                                                 EL DESASTRE.
 
Me aventuraba por los bosques como aire que corría entre las ramas de los árboles.   
Llegue hasta un manantial que llamaba mi atención, desde lo alto de las ramas de un árbol mi ojo contemplaba un espíritu divino, sus cabellos eran de color de mar, su piel lisa e escurridiza, cantaba combinando voces animando la naturaleza, era una hermosa doncella desnuda.    



 
Avancé un paso más, cuando la rama se partió el fuerte crujido hizo alertar a la ninfa de mi presencia. Ella se levanto muy asustada, ambas nos mirábamos a los ojos habiendo una fuerte tensión, pero aquello desaparecería rápidamente. 


Un extraño y fuerte aroma a descomposición nos llegaba de golpe, captando la atención de ambas hacia una dirección. Vi como ella salió corriendo y me dispuse a bajar del árbol lo más rápido posible a seguirla.
 
Corrí tras ella esquivando los grandes árboles sin perderla de vista con mi arco en la mano,
Pare mis pies al ver que la ninfa estaba frente de mi quieta, aterrorizada, levante la vista y vi un goblin en la lejanía de los árboles.
 
Cayendo el bosque en un silencio que nunca había experimentado.
 

Posaba con su bastón de madera con pinchos al final, colgaban pieles de animal muertos sobre sus hombros.  No era el típico goblin verde, tonto y descuidado. Este se mostraba astuto y perspicaz. Además, sus dientes estaban podridos, su nariz era enorme, los ojos sobresalidos y su rostro marcado por una gran ira contra el bosque. Podía sentir el poder maligno que abarcaba.






Se dispuso a nombrar unas palabras tan fuerte que el sonido retumbaba sobre el bosque, la tierra se  movía a nuestros pies, ramas gigantes salían del suelo haciendo una figura enorme, que parecían raíces de árboles que se unían entre sí.



 

 
 Observe como la ninfa quedo paralizada frente al mutante árbol y éste la atacó, atrapándola en el suelo con sus enormes ramas.
 
  Abrí los ojos asustada, me deje  llevar por la adrenalina, salí de mi escondite dispuesta a atacar. Me dispuse a dispararle mis flechas sin resultado alguno, pero al menos pude llamar su atención. Se dispuso a atacarme liberando a la ninfa de sus raíces, pero cuando volví a mirarle me sorprendió con sus enormes brazos intentado aplastarme, conseguí apartarme saltando hacia un costado del gran golpe del mutante.
 
Me quedé ahí tirada, aterrorizada, y justo cuando decidió intentar aplastarme de nuevo, la ninfa se interpuso frente a mí. Colocó su mano sobre mi hombro y la escuché nombrar unas extrañas palabras.
 
 En un parpadeo ambas ya no estábamos bajo las garras del mutante. Nos quedamos calladas, sin dirigirnos palabra alguna, mirábamos hacia el bosque desde la montaña más cercana como la bestia destruía todo a su paso.
 
Me sentía muy mal, impotente por no poder hacer nada. Había pasado años preparándome y sin embargo aún no era fuerte para proteger el bosque.
 
Corrí todo lo que pude hasta llegar donde estaban las Driadas. Me sentía paralizada, había llegado tarde y mis queridos robles estaban todos destruidos, mi corazón se volcó de terror, gritaba de dolor, las lágrimas caían por mi rostro, apenada caminé entre mis amigas fallecidas, el arco lo arrastraba por la tierra húmeda sin fuerza alguna.
 
Escuché a una de las Driadas llamarme con un hilo de voz, su cuerpo estaba abrazado al gran roble. La abrazé sollozando, ella aún así me dijo:
 
 -Estaré bien Lyriel, mis heridas curarán, ahora debes irte y hacerte fuerte, yo seguiré aquí.
 
-Cuando lo consigas, vuelve, necesitaremos tu ayuda, eres hija de estos bosques.-
 Ella me contemplaba con una leve sonrisa en su rostro transmitiéndome la suficiente confianza para poder avanzar en mi misma y conseguir lo que mi corazón desea.
 
-Vengare vuestra muerte acabando con ese ser-. Dije llena de dolor.
Le di un último abrazo, agarre mi arco y desaparecí entre la niebla que abarcaba en el bosque.


                                                      EL GOBLIN BRUJO.
 
Caminaba despacio dando pequeños golpes en el suelo con su bastón, la niebla le protegía alrededor de él, mirando como Lyriel desaparecía entre los árboles, esté se dirigió  hacia la Driada que aún quedaba viva. La olisqueo dando pequeños toques con sus largas uñas sucias, soltó una pequeña risa.
 
Su voz era, fina y ruidosa a la vez tenebroso.
 
-¿Me dirás dónde se dirige tu amiga?.- sacaba la lengua acariciando sus finos dientes.
 
La Driada lo miraba de reojo asqueada sin dirigirle palabra alguna.
 
-¿Te gusta hacerte la dura? Estás jugando con fuego, me dirás donde ira si no morirás ahora.-
 
La dríada escupe en su cara y este le sonríe con malicia colocando su bastón mágico en su cuello.
 
-Encontraré a tu amiga para matarla, me are con su sangre élfica, así viviré eternamente!.- reía con malicia, nombrando un conjuro desconocido que acabaría inmediatamente con la vida de la dríada.
 
Juró que encontraría a la elfa, para matarla y así obtener su sangre para hacerse más poderoso.
 

Reía con maldad el sonido retumbaba por todo el bosque. 


 
                                                        EL VIAJE.


Pasé los meses caminando con amargura y por más que intentaba encontrar una solución no podía hallarla. Comenzaba a afectar mi propia salud. Por las noches tenía pesadillas y por el día me sentía cansada.
Caminaba junto a mi nueva compañera de viaje la Ninfa, recorrimos frondosos bosques y verdes planicies.
 
Me sentía algo mejor al ir dejando tantos sitios que me apenaban.
Decidí Llamar a mi halcón. Silbe una leve melodía pero corta imitando al canto de un pájaro Caboclinho su canto Dó-ré-mi, el sonido rebotaba por el bosque profundo. 
Llegó aleteando sus fuertes alas, alce mi brazo y este se posó en él,  lo contemplaba con tanto cariño, le ofrecí un trozo de carne. Até una nota en su pierna, con la esperanza de que llegara a manos de mi hermana Laia. Era la única con la que podía contar ya que ella también se fue de casa.
 
Seguimos caminando, encontramos una cabaña de un peculiar leñador, en el cual tenía estacas clavadas alrededor. Ambas nos miramos y me aproxime a preguntarle al buen hombre.
 
-Disculpe podría decirme ¿dónde estámos?.-
 
-Jovencita, yo no sé de dónde vienes pero no sabes dónde te has metido, esto son los bosques de Ahystor, bienvenida.-
 
Asentí algo extraña por su forma de hablarme.
 
-Ten cuidado con las Arpías podrían hechizarte con su canto.-
 
Agradecida decidimos seguir caminando, sin mediar palabra alguna.
 
Caminamos observando el lugar, todo era nueva para ambas. Los arboles eran distintos, la hierba, flores, el olor, nada era igual a mis tierras.
 
Me acerque a uno de los grandes robles de lo que llamaban Ahystor, era inmenso joven y lleno de vida. No pude aguantar sentir su corteza contra la palma de mi mano, algo que me haría sentir mejor, respire hondo sentía paz y tranquilidad. Pero esa experiencia solo duro un segundo, volvían los recuerdos de los árboles que ya no existían en mi hogar, aquello me hizo cerrar los ojos y una vez más las lágrimas recorrían mi rostro hasta tocar la tierra.
 
 Me sentía a punto de derrumbarme entre mas profundo calaba la emoción, pero justo en ese momento, escuché gritos cerca del acantilado.
 
Me apresure  sin pensarlo para descubrir de donde provenían. Cuando me detuve, observe a una gran serpiente verde, atacando a tres pequeños lémures, vi como el macho atacaba a la serpiente intentado alejarla de su familia, justo  cuando este fue mordido por la serpiente, no me dio tiempo a salvarle, pero sin dudarlo prepare mi arco, apunté y tire mi flecha... fallé, un nuevo ataque alcanzaría a la hembra, haciéndola fallecer en el acto.
 
Llena de ira tense mi arco y le di en el ojo, algo que llamaría toda su atención, haciendo que se dirigiera hacia mí con gran velocidad. Espere tenerla cerca, solté una nueva flecha y está se clavó en la cabeza dejándola paralizada.
 
Resople aliviada, levante mi vista y vi aquellos pequeños lémures fallecidos. Mi corazón se encogió de pena. Camine para recogerlos, pero ya era demasiado tarde, el veneno pudo con ellos.
 
Me apresure para darles un entierro digno, la bendición de Äela los protegería.
 
 Cuando escuche un pequeño grito, mis orejas se agudizaron y me dirigí hacia donde estaban protegiendo a un pequeño lémur. Mi rostro se ilumino, sentí que ese pequeño era para mí, como si el bosque me diera ese pequeño regalo, nunca lo sabré con seguridad.
 
Agarre a la pequeña lémur, dándole mi calor, la ninfa se acercó ofreciéndole frutos del bosque, ambas sonreíamos.  
 

La bautizamos como:   Indri. 






 
Seguimos  caminando por el bosque de Ahystor, los rayos del sol alumbraba el bosque oscuro, aún cansadas decidimos seguir caminando.
 
Mire el cielo y vi a mi halcón volar alrededor mío, una sonrisa clara se me dibujó en mi rostro con esperanzas miraba el camino, pero no veía nada, pensé que vería a mi hermana no siendo así, me entristecí.
 
En un abrir y cerrar de ojos fuimos atacadas por las arpías que el leñador nos advirtió, agarre mi arco para disparar a las arpías protegiendo a la ninfa y a indrí.
 
Cuando estas lanzaron un grito de cante horrible, fuimos hechizadas por aquel canto, mi mente se quedó en blanco en esos momentos mis ojos no veían nada, no pude controlar mi cuerpo.
 
Allí tirada, abrí mis ojos y vi una elfa rubia, ojos azules un mechón blanco caía por el lado de su rostro, me sonreía feliz, su mirada me transmitía seguridad en ella algo como si ambas ya nos conociéramos.
 
Parpadeaba mirando alrededor, las arpías ya no estaban, la ninfa e indrí estabas seguras no les ocurrió nada, me dirigí a la elfa dudosa si podría ser mi hermana, la última vez que la vi yo aún era pequeña.
 
Ella me hablo con voz chulesca y segura de sí misma.
 
-Vaya que tenemos aquí una joven elfa, desorientada acompaña de una ninfa y un animalito.- Decía con una sonrisa en su rostro, no sabía si estaba de bromas estaba siendo irónica conmigo.
 
 
Me dispuse a hablarle notando que ambas, teníamos las voces muy parecidas, aun así no quería que me viera débil.
 
-Gracias por tu ayuda, pero sabemos cuidarnos solas.- Le dije molesta.
 
Ella sonreía feliz en su rostro, cosa que yo no entendía por qué, me observaba callada como si su mirada hablara por si sola.
 
-Si fuera así no me habría pedido ayuda, entonces serías ahora mismo una arpía muy fea.- Se reía levemente.
 
La observe callada unos instantes, mis ojos iluminados, reconocí a mi hermana, ampliando mi sonrisa de oreja a oreja.
 
-¿Laia eres tú?!.- le grité nerviosa ansiosa por saber si era ella.
 
-Pues claro que no. Soy una desconocida.- Se reía aún más de mí.
 
La mire de mala gana,  cuando ella me abrazo fuerte estrechándome entre sus brazos, sentía que si era ella como ambas nos abrazamos calladas caían lágrimas por nuestros rostros, volviéndonos a reencontrar.
 
Fue el mejor rencuentro que tuve con mi hermana, la echaba tanto de menos. Algo vi en ella que ya no era la misma, un vacío, notaba dentro de ella no sentía su espíritu aventurero. Ni esas ansias por conocer el amor verdadero. Aquel lugar hizo que mi hermana cambiara para mal.
 
Temía que me ocurriera lo mismo en aquel lugar que mi hermana llama Heystar.
Me comento sobre unos elfos azules, me puso al tanto de muchos de aquel lugar de los que podría fiarme y de los que no, no sé cómo lo hacía, pero ella parecía conocer a cada uno de esa ciudad hasta algunos secretos de la gente de aquel lugar.
 
Me presento a sus mejores amigos, con los que sí puedo confiar.
 
Deje a mi hermana hablando con Rissel, junto a Lizz una gatita elfa, por supuesto las amigas de mi hermana son amigas mías.
 
Me dirigí a Heystar yo sola era de noche cuando entre por las puerta y frente a mi vi un circulo enorme de elfos azules, supuse que eran los que mi hermana me comento.
 
Así empecé a conocerles, pasaba rato con ellos. Me enseñaron de la cultura elfica, algo que yo apenas conocía. Así también conocí al resto de humanos de aquella villa. Conocí a Héctor, un gran mago. Me apunte en su academia y allí descubrí que era una innata.
 
Desde entonces todo ha mejorado. He conseguido hacerme alguien más poderosa, aquello que tanto deseo para finalmente matar a ese Goblin brujo.
 

Seré la mejor Arquera arcana, una verdadera guardiana de los bosques. 
 






Quiero deciros!, que es la primera vez que escribo una historia de este estilo, nunca me había esforzado tanto con la historia de un personaje y menos añadiendo imágenes. 
Quiero agradecer a todos mis amigos que siempre me apoyan cuando les necesito!


 A Daedin por haberme dado ideas del minuto 0 y a hacer que me aventurarse en una nueva experiencia.  Razz I love you I love you I love you


A Charmanderenqualandia por soportarme cada día y ayudarme con mis locuras  I love you I love you I love you


y... podría poner medio serve aquí escrito.. jajaja pero va a ser que no!!!! ya sabéis yo reparto amor para todos!!. 


Espero que os haya gustado. Embarassed  bounce
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Lyriel. Guardiana del bosque.
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