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 Byakko. Hechicero bajo yugo.

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EgoDraconis

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Mensajes : 19
Fecha de inscripción : 31/08/2017

MensajeTema: Byakko. Hechicero bajo yugo.   Sáb 16 Sep 2017, 23:44

Prólogo; Primer extracto recuperado del diario del hechicero.



"Espero que sean esos preciosos labios quienes partan mi cara.


Soledad se escribe con ese. Con ese de silencio, de suicida y de susurros por salvarme.


Ven conmigo, puedo mostrarte la nostalgia de verdad.


Acércate, mi piel arde. 


Dime que me odias, pero dímelo mirándome a los ojos. Y perdona si te grito, pero es que me matan los nervios.


El tiempo pone a cada uno en su lugar ¿no? ¿cómo van a explicarme que lleve veinte años encerrado en el mismo sitio?


Sólo soy uno de millones. Un mal necesario. No confíes en héroes o espera decepciones.


Es demasiado tarde para intentar parecer cuerdo. Escribo desde mi arrogancia, me juré no dejar ni un renglón vacío. Voy a seguir hasta dejar de conocerme.


Tengo un ego bulímico que aprieta las cuerdas de mi madurez creando una sinfonía que carece de ritmo o sentido.


También tengo una obsesión en vida, cierta aversión hacia el dolor y no hacia la muerte. De niño sueñas con vivir y de adulto quieres soñar... ¿Y ahora qué me queda? Tan solo una mente rota y un reloj de arena al que por más que grito, no sabe esperar.


Dibujo formas con un alma gastada, y mi cerebro atrofiado está atascado en la cascada de patadas y empujones de una vida imprevisible. Sólo puedo gritar para sentirme libre.


Dicen que la vida es un pañuelo. Y una mierda, la vida es la hora de la merienda para un niño. Perder las riendas y la calma. Caminar sin saber a dónde puedes llegar.


No sé por qué sigo escribiendo, sólo es un monólogo inútil donde termino echándome la culpa por casi todo, y por eso lloro, pero en el fondo me gusta.


Me traje directo desde el abismo un nudo en la garganta que por más que lo intento, no se deshace. Miro fuera y pienso en cómo cojones voy a hacer para parar esta sangre a borbotones... me quiero por lo que hago y no por lo que soy, si he de morir matadme hoy.


Lloro para dentro porque puedo. Eso me hace enfurecer y verme entero. Una vez más estoy destrozándome contra un papel, pero, dicen que las mejores letras están escritas bajo las vendas, en arañazos. En las costras que producen los delirios.


Sé que este dolor solo confirma que no he muerto. Tengo una sola razón para vivir y la muy puta se me está escondiendo dentro.


Quizá sea un poeta frustrado en desuso que no sabe qué hacer con su vida. O quizá sea un poeta visceral. Sé que el mundo con un elogio sería mío, pero no... prefiero la calle y morir de frío. No guardo ni un trozo de vida que siga entero.


Sólo me queda un consuelo, veo mi alma borracha en el suelo jugando a dejar de ser mía.


He vivido más de lo que imagináis y me he bebido diez por cada una de mis lágrimas.


Inspiración con anginas. El último latido de una vida. 


Lloro para dentro porque puedo. Lloro porque quiero. Porque me hace gritar y verme entero. Me estoy descomponiendo en otra mierda de canción... estoy llorando por mi mierda de canción.


Soy lo que vivo, lo que siento y... poco más".


Última edición por EgoDraconis el Miér 27 Sep 2017, 12:37, editado 3 veces
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EgoDraconis

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Mensajes : 19
Fecha de inscripción : 31/08/2017

MensajeTema: Re: Byakko. Hechicero bajo yugo.   Sáb 23 Sep 2017, 23:50

Byakko. Hechicero bajo yugo.




El cronista miraba fijamente hacia un punto de la sala en un silencio sepulcral. Yo sabía perfectamente qué estaba mirando. Si decidí llevarle a mi casa fue exactamente el motivo por el cual miraba hacia mi espada, la cual reposaba en una pequeña sujeción de madera negra encima de la chimenea. 


Por la expresión de su rostro diría que estaba sorprendido, intentando averiguar para sí mismo de qué material estaba hecha, qué significaban las escrituras de su hoja y lo más interesante, por qué el acero no reflejaba la luz que proyectaban los grandes ventanales  del salón.


Apartó la mirada del arma; sabía que le había dicho algo, pero no me escuchaba.


-Perdón ¿cómo dices?
-¿Qué hace la gente normalmente para contar su historia? 


El cronista se encogió de hombros.


-La gente me describe lo que recuerda, sencillamente. Luego registro los hechos en el orden correcto, le doy sentido, y sobre todo, emoción. 


-Me temo que eso no servirá... cada narrador tiene su estilo. En general, supongo que la gente preferirá que no corrijan sus historias. Yo, personalmente, no quiero que corrija la mía. -


Carraspeé y asintí a la vez. No quise empezar con mal pie, pero eso no quitaba que quisiera que mi vida quedara plasmada de forma precisa.


-Empezaré por el principio, como debe empezar cualquier buena historia. Si esto debe ser un libro sobre una especie de hechos, tendré que dedicarle el tiempo que merece. -Deslicé las manos por los posa brazos del sillón, aspirando el leve aroma a cuero curtido al echar la cabeza hacia atrás y fijé la vista en el techo. 


El ecribano comenzaba a trazar sobre el papel.


-Nunca he contado esta historia, y dudo mucho que vuelva a hacerlo. -Me incliné hacia delante.- Antes de empezar, debe recordar que pertenezco a la torre arcana de Rahendor. 



-Mi nombre es Byakko. Se pronuncia tal y como se escribe. Los nombres son importantes porque dicen mucho sobre la persona, y he tenido más nombres de los que nadie merece.-Hice una breve pausa antes de continuar.- Quería a un cronista con tu reputación de gran coleccionista de historias. -Asentí lentamente con la cabeza en la última frase, evaluándole, aunque conocía de sobra la experiencia de aquel hombre.


El viejo se limitaba a asentir con la cabeza. Hinché los pulmones y comencé a relatar mi historia.


-Todo empezó hace exactamente  veinticinco años.

 
- En mi infancia... -Me incliné hacia delante- No. Todo lo interesante empezó en la Universidad. A nadie le importa la infancia. Es una época en nuestra vida que pocas personas quieren recordar. Mi madre siempre decía que los niños nacen con un corazón que no les cabe en el pecho, pero que según van creciendo y madurando éste va disminuyendo su tamaño. -Agité la cabeza como si quisiera desprenderme de un recuerdo- Disculpa si me voy por las ramas, supongo que toda buena historia no sigue un camino recto. -Tomé aire y proseguí mientras el cronista trazaba y trazaba. Ese hombre escribía más rápido que hablaba-.

-Supongo que el verdadero principio está en lo que me llevó a la Universidad. Quería respuesta a diez mil preguntas y un cierto control sobre lo que nosotros llamamos El Arte. -Moví la cabeza afirmativamente- Sí. Supongo que ahí es donde empezó todo. Esto, en gran medida, es una historia sobre arcanos. Pero... supongo que tengo que remontarme aún más en el tiempo. Si esto tiene que ser un libro sobre una especie de hechos, tendré que dedicarle el tiempo que merece. Valdrá la pena si se me recuerda, si no con halago, al menos con cierta medida de precisión.

Mi primer mentor me llamaba Drazzt, porque yo era listo y él lo sabía. Mi primera amante me llamaba Jared, le gustaba cómo sonaba. También me han llamado El Arcano, La Sombra y La Noche. Todos esos nombres me los he ganado. Los he comprado y he pagado por ellos. Me han llamado de muchas otras maneras, por supuesto. La mayoría eran nombres burdos, aunque muy pocos eran inmerecidos.


Para empezar, aclararé que soy hijo de Adam y Akasha. No tenían apellido o no les gustaba usarlo. Mi padre era mejor actor y mejor músico que cualquiera al que hayas visto jamás. Mi madre tenía un don natural para la palabra. Ambos eran atractivos. Cabellos largos y oscuros, ojos negros. Poco más que decir. Salvo quizás que mi padre fue noble antes que artista. Algo que usó para engatusar a mi madre... pero esa es otra historia.

 
Me aclaré la voz para continuar-  Durante cierto tiempo de mi vida, quizá los primeros doce o trece años, yo era un trovador. ¿Sabe de estos adorables chicuelos que se buscan la vida contando historias, camelando muchachas, haciendo perrerías…? Uno de esos era yo.
 
Sonreí con cierta nostalgia al recordar aquello. Es cierto que no había pasado tantísimo tiempo, pero en estas circunstancias no era el tiempo lo que había generado la nostalgia, sino el giro… Un giro monumental en el argumento de mi vida.


-Aquella etapa era… divertida, ¿sabe? La clase de vida que un niño hubiera debido llevar. Estoy muy feliz y en paz con aquella etapa.

-¿Qué pasó después? –El interlocutor parecía deseoso de acabar aquella biografía- ¿Tus padres murieron? ¿Se asoló tu ciudad? ¿Fue culpa de algún arcano descerebrado?

Contesté con un resoplido.

-No, viejo, claro que no… Mis padres siguen vivos, en algún buen lugar. Estoy seguro de ello. Me lo aseguraron… Me fui pronto de mi ciudad natal, tan pronto que ya ni la recuerdo, así que… bueno, es cierto que podría estar destruida, pero tampoco pasó eso.


La verdad es que, un día, simplemente, me llamaron. Yo tenía como… quince años. Había empezado a asentar la cabeza, a mi modo. Seguía haciendo algunas picias, todo el mundo necesita dinero, ya sabe, pero no como antes. Me dedicaba a recitar. Me gustaba la poesía. Solo, yo solo. Aborrecía y, en parte, aborrezco a la gente que canta o recita acompañada por un laúd o cualquier tipo de instrumento musical… Así es muy fácil que cualquier texto suene bonito. Lo impresionante es cuando una voz te deja tiritando sin ningún acompañamiento. 


El caso es que aparecieron ellos. Los dioses. Al principio se presentaron en forma de sueños… ¿Sabe? Me informé un poco sobre ello. Hay paladines que empiezan igual que yo… Su dios aparece en sueños, le manda mensajes, le manda tareas, hasta que considera que está listo. Y, entonces, ya está. Forma parte de él. Toda una vida de rezos y esclavitud… Genial. –Mi voz permanecía cargada de ironía. El tipo de voz que se le quedaría a un joven resignado con su papel en la vida.


-Pero eso no iba conmigo… Ellos lo intentaron. Todos ellos. Me intentaron convencer de que les rezase, me encomendaron tareas y mandatos y yo, lejos de sucumbir a sus encantos, seguí con mi vida. Con la poesía. Con mi voz. Eso pesaba más que toda esa divinidad que se me quería venir encima.

Hice un alto. Observé al cronista durante un par de segundos, alargué una mano y revisé las notas del mismo. Asentí con una sonrisa y se las devolví.

-Disculpe. Entenderá que me gustaría que mis cortas memorias queden bien plasmadas.
-Por supuesto… Continúe. 



El cronista parecía bastante aburrido. Tanto así que empecé a sentir que quizá estaba equivocado al contar mi historia. Al menos a éste en concreto. Cuando un cronista es demasiado viejo, tiende a restar importancia a todo lo que oye o escribe. Es decir, de cualquier manera, seguramente ya lo ha escrito antes… Así que, ¿por qué iba a prestar atención a la misma?

Suspiré y continué el relato.



-Pero, al final, lo consiguieron. A mi manera, por supuesto… Llegamos a un acuerdo. Yo, ya cansado de estar varias semanas con temor a dormir por el tipo de imágenes que una jauría de dioses puede meterte en la cabeza mientras descansas, recurrí a llegar a un acuerdo. Trabajaría para todos, y para ninguno. Cada uno de ellos me llamaría cuando me necesitase, para una forma u otra… Yo sería un simple mensajero. Ellos sólo buscaban a alguien que les hiciera el trabajo sucio, ¿sabe? Me sentí un poco traicionado, pero hicimos un buen trato. Yo no les rezaría. Hacerlo significaría tener que rezarles a todos, y eso sería un derroche de tiempo. No me va.

-Y así siguió mi vida… Totalmente cambiada. Algunas veces me mandaban misiones seguidas, una tras otra, y después estaban un largo periodo de tiempo sin llamarme. El trato, insisto, no era malo. Yo, a cambio, podía dormir… Y alguna deidad se encargaba de darme algún caprichito en forma de magia divina. De cualquier manera… ¿Sabe? Cuantas más deidades “iba” conociendo, porque no las conocía realmente (nunca sé para quién trabajo), más solo me sentía. Nunca hablaba con ellos. Me alejaron de las personas, de una manera u otra, y al final me encontré deseando encontrar a alguien a quien contar mis historias. Alguien que me contara las suyas. Alguien a quien recitar, ¿sabe? A los dioses no les gusta la poesía… así que decidí buscarme otro trabajo más, sólo para cuando ellos se olvidaran de mí o no tuvieran con qué ocupar mi tiempo.-

Hice una larga pausa. No era consciente de ello, pero fue tan sumamente larga que el anciano empezó a golpear de forma impaciente el papel con sus arrugados dedos. Suspiré.


-Disculpe. -Inspiré y proseguí.


La madre de un viejo amigo me ofreció trabajo en su posada. Qué interesante, ¿verdad? Ir de un lado a otro cargado de cosas aguantando a viejos borrachos, amas de casa que buscan una escapatoria y gente que pierde su dinero en apuestas. -Sonreí recordándolo. -Sí, fueron unas muy largas, pero fue gracias a esas largas noches que le conocí a él. -Me incliné hacia delante y clavé mis grisáceos ojos en los del hombre.


-Rahendor; uno de los hechiceros más conocidos del Valle de la Bruma. Yo no sabía que él estaba allí, por supuesto. Dos hombres de mediana edad se encararon contra mí, se ve que por algún motivo no les gustó que les escupiera en la cerveza... demonios, creía que no me habían visto hacerlo. -Reí y reanudé.


-El caso es que ambos se levantaron de su silla y vinieron hacia mí como dos descerebrados que eran. Aproveché la distancia y el bullicio del lugar para conjurar algo que sin más, me vino a la mente. Pocos segundos después, aquellos dos hombres estaban partiéndose la cara el uno al otro. ¿Por qué? No lo sabía en aquel momento, pero sucedió. Surtió efecto. Funcionó... -Alcé la mirada al techo, asentí suavemente y volví a mirar al hombre.


-Sí, funcionó. Y fue entonces cuando él vino hacia mí. No le conocía de nada, sólo había oído hablar de él. Me miró como un padre mira a su hijo cuando hace algo bien. Veía el orgullo en sus ojos. Me sonrió y elegantemente se presentó mientras tiraba de mi brazo y me sacaba de aquel tugurio. Tan solo me dijo su nombre, que estaba interesado en explotar mis aptitudes y que tenía un futuro brillante para mí. Sería mi mentor. Imagínsese, yo, el loco que escuchaba a los dioses... siendo invitado por aquel hombre. -Cerré los ojos. -Esa noche no pegué ojo. Tenía que contárselo a todo el mundo, pero, en realidad... ¿quién era todo el mundo para mí?


Abrí los ojos y me eché hacia atrás para apoyar la espalda. -No me lo pensé dos veces, fuí allí y me sometí a las tres pruebas necesarias para que él accediera a ser mi mentor. No eran fáciles, requerían de imaginación e instinto. Todas formaban parte de una situación complicada de la que debías salir sin usar nada más que tu instinto. Yo por aquel entonces me dejé guiar completamente por él, nunca nadie había querido enseñarme nada.


-Pasadas las tres pruebas, me concedió protección, conocimiento, acceso a sus libros, y... a conocer a su hija; Narya.- El escribano se detuvo un instante y me miró, congelado. - ¿Se llegó a enamorar de su hija? -La pregunta cruzó el aire. La vi venir como quien observa un carruaje en mitad del camino. Es inminente, pero por un momento te planteas no apartarte.


-¿Cómo dice, buen señor? ¿De quién?
- Pues usted, de ella. Claro. -Sonrió.
- Bueno, ¿sabe? Su padre me nombró alumno suyo. En cambio, yo debía protegerla. Era diestro con la espada, autodidacta. Siempre lo he sido, con todo.
 
Bajé la mirada, meditando un poco la pregunta y cómo podría contestarla. En realidad no tendría por qué hacerlo… Podría evitar el carro. Pero incluso de eso se cansaba uno… Llevaba toda su –breve, por otra parte- vida evitando los carros en el camino.


- Y sí. Claro. Por supuesto que me enamoré de ella.  Locamente, además. Era el conjunto de cosas que buscaba en una mujer. Era interesante, divertida, autodidacta en gran parte, como yo.. Cada día aprendía algo distinto de ella, y no solo relacionado con El Arte; sino con la propia vida, las relaciones sociales... siempre ha hecho hincapié en que debía socializar más.- Deslicé las manos por la mesa de madera, palpando la suavidad de ésta.- Fue ella quien me abrió los ojos e hizo que mi potencial explotara de la noche a la mañana. Me di cuenta de que valía mucho más de lo que yo pensaba. Y así, con el paso de los meses, su padre vió en mi que podía depositar toda su confianza para encomendarme algo.-  


Entrelacé las manos sobre mis muslos, mirándole.


-Debíamos viajar al continente de Zanundor. Concretamente a la Villa Dorada, al Sur de una ciudad llamada Danagoth, allí debíamos buscar un objeto que un día perteneció a su familia. Un objeto que... cambiaría nuestras vidas para siempre.
 
Alcé la mirada a la luna. La observé unos instantes y después miré al cronista con una sonrisa. 

-Hemos terminado por hoy. Me gustaría pensar en qué y cómo voy a seguir contando esto, así que ya nos veremos. Pronto. Me pondré en contacto con usted. Todavía he de contarle cómo entré y salí de la Universidad y qué fue de mi trato con los dioses.

El anciano asintió levemente, recogió sus bártulos y se largó según había venido. Con la misma pasividad que tan enfermo me ponía.


Yo, por cierto, me limitaba a observarlo marchar. Tenía mucho en qué pensar.
 








Continuará.

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EgoDraconis

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Fecha de inscripción : 31/08/2017

MensajeTema: Re: Byakko. Hechicero bajo yugo.   Miér 27 Sep 2017, 12:37

Segundo extracto recuperado del diario del hechicero.





- Código XXII - XXIV - Código del Guardián
 
"La paz es una mentira, solo hay pasión.
Con la pasión, obtengo fuerza.
Con fuerza, obtengo poder.
Con poder, obtengo victoria.
Con la victoria, mis cadenas se rompen.
El dominio me liberará".
 
"Nwûl tash.
Dzwol shâsotkun.
Shâsotjontû châtsatul nu tyûk.
Tyûkjontû châtsatul nu midwan.
Midwanjontû châtsatul nu asha.
Ashajontû kotswinot itsu nuyak.
Wonoksh Qyâsik nun".
 




"Algunos han especulado con que el código fue creado en contraste directo con otros códigos, para ilustrar las diferencias filosóficas fundamentales entre las órdenes. Esto puede explicar la primera línea del código Guardián que no piensa que el verdadero objetivo de los demás sea buscar el caos.


Los Guardianes creen que la victoria por cualquier medio es más deseable, pero piensan que a menos que la victoria pruebe tu superioridad, dicha victoria solo es una ilusión y temporal. 



Aunque pueda haber diversos tipos de victoria como la victoria-pacífica, la victoria por el sacrificio, incluso el dogma de los Guardianes enseña que a menos que la victoria fuera alcanzada demostrando que el poder de un oponente fuera superior al otro, esa victoria no es victoria verdadera. Cuanto más fuerte es un Guardián en su dominio, más poder es el que podrá alcanzar, pero tendrá que luchar siempre por merecerlo.


El verdadero significado de la línea “… mis cadenas se rompen ” es un tema de discusión entre muchos Guardianes. Las cadenas representan sus restricciones. Las restricciones podrían ser sus obligaciones para con su dios, o las  que uno pone sobre sí. 


La última meta de cualquier Guardián está en liberarse de tales restricciones. Los Guardianes desean liberarse para alcanzar la perfección y  su verdadero potencial. Desean obtener la fuerza perfecta, el poder perfecto, y el destino perfecto, que, permite que uno haga lo que desea. 


Se ha debatido mucho respecto a la profecía de Khel'Daer.


El Khel'Daer será el ser con un potencial puro, libre de restricciones y perfecto en todo su potencial que llevaría a los Guardianes a su mayor esplendor para luego hacerles destruir; sin embargo más tarde regresarían más fuertes y más poderosos que antes. Se ha especulado mucho sobre quién podría ser la persona candidata a ser el elegido de la profecía Khel, esto hizo que muchos Guardianes trataran de superarse fijándose como meta trabajar hacia un estado de perfección para, llegado el momento, rebelarse".
 
 Para evitar el aparentemente inevitable enfrentamiento entre los Guardianes sedientos de poder, Ares Kyle invocó la regla, que decía que sólo podrá haber dos Guardianes al mismo tiempo: un Maestro y un Aprendiz. El Vaar formuló el concepto de la Regla de Dos después de descubrir un artefacto mágico.  El artefacto pertenecía al antiguo Señor Kaan que, justo como Exar Kaan antes que él, había usado una versión temprana de la Regla de Dos cuando entrenó a su aprendiz, Válar Malek.
 
«Solo debería haber dos, ni más, ni menos. Uno para encarnar el poder, el otro para ansiarlo.»
-Ares Kyle
 
«Todo maestro que instruye a más de un aprendiz por los caminos de la furia es un necio. Con el tiempo los aprendices unirán sus fuerzas para derrocar al maestro. Es inevitable; Axiomático. Es por ello que cada maestro debe tener un solo estudiante.»
―Señor Kaan
 
La Regla de Uno era el precepto fundamental en la Nueva Orden. Fue establecida por  Krayt.  Al igual que la Regla de Dos de Kyle, la Regla de Uno pretendía proteger a la Orden de su propia destrucción: Que se dijera que únicamente había un Guardián significaba que lo que primaba era la misma Orden y su supervivencia. De este modo había una multitud de guardianes, pero todos ellos estaban adoctrinados y entrenados  únicamente con la tarea de obedecer y proteger ciegamente a su dios. De este modo se pretendían evitar las luchas internas por el poder basándose en el fanatismo hacia un líder.
 
Esta regla no fue bien vista por Lores anteriores a Válar, concretamente Andeddu,  Nihilus y Kyle, al que consideraban un "hereje". Kyle mismo, ofendido por el hecho de que Krayt suprimiera su reforma, advirtió al poderoso que su Orden se acabaría volviendo en su contra.
 
«Nos veremos al final de este camino, a punto de consumirme.»
―Byakko.

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MensajeTema: Re: Byakko. Hechicero bajo yugo.   Jue 05 Oct 2017, 18:28

BSO Inspiradora.:
 








Tercer extracto recuperado del diario del hechicero.




¿Dónde está la luz? 
La rabia se refleja en mis ojos,
perdido entre la espesura del silencio,
los aceros chocan y los alientos se quiebran.



 
Gritos se funden en una colina manchada de sangre,
vidas se pierden y viajan al horizonte,
¿Dónde está la luz?
Dadme una razón lógica para seguir luchando
¿Dónde está la vida?
Se pierde entre mis dedos humedecidos por el sudor…



 
No quiero morir en este lugar,
y aunque mis ojos se nublen,
seguiré luchando hasta el final
en memoria de los que no huyen.



 
Amigos, hermanos, vidas se pierden sin sentido,
sangre, muerte, odio y dolor se hacen presentes,
en el fin de los tiempos y los desquicios
de reyes hambrientos de poder y mujeres.



 
¿Dónde está la luz?
Mis ojos se vierten en sangre…
Dadme una razón para vivir
Dadme un sentido para luchar
Una determinación a la cual servir.



 
Hoy no regresaré,
a su lado no dormiré,
el corazón se me parte,
la vida se me ahoga,
 ahora el dolor es gratificante.



 
¿Dónde está la luz?
Mis ojos se nublan y solo existe oscuridad,
mi aliento se pierde entra la lucha sin piedad,
no se siente la vida,
No late más el corazón…
¿Habré perdido la batalla?
¿Habré muerto?



No quiero morir en este lugar
Y aunque mis ojos se nublen,
seguiré luchando hasta el final
en memoria de los que no huyen,
en memoria de los caídos,
hermanos, y amigos míos…



A mis pies solo hay sangre y cuerpos rotos,
pero no hay derrota.



Me enzarpo en un baile macabro de fuego y metal.



La música que me acompaña son los gritos 
agónicos de quienes ya sucumben a mi ira.



Solo soy uno y ellos son decenas.
Su cometido es arrebatarme todo lo que amo, 

por lo que no puedo evitar sonreír.



Sonrío como un lobo hambriento.


Pobres diablos.
Deberían haberlo supuesto, 

se enfrentaban a la violencia y la desesperación.



Abriéndome yagas en las manos al sujetar mi espada,
abriendo grietas en el suelo que les llevarían al más profundo averno
al que quedarían condenados de por vida.



El suelo bajo mis pies retumba con sus pisadas, vuelven a ser decenas,
¿Cientos?

Por fin oigo los gritos de quienes vienen a desafiarme.


Oigo los gritos de quienes vienen a morir.

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MensajeTema: Re: Byakko. Hechicero bajo yugo.   

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