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 Lara Valborg

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BlackBass
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Fecha de inscripción : 08/08/2016

MensajeTema: Lara Valborg   Lun 29 Ago 2016, 23:38

Lara Valborg, enviada de Tórim





 Lara era la única cliente que quedaba en la posada. Era de madrugada, y el único ruido que se oía era el de la escoba en manos de la camarera, apresurada por limpiar todo para irse a casa.


 Había pasado la noche sentada en esa mesa, divagando mentalmente por diferentes aspectos de su vida.


 Cuando hubo silencio, hizo espacio en la mesa y estiró un pergamino en blanco. Dispuso su tintero al costado derecho y hundió la punta de su pluma.


 Cualquiera que la hubiese visto escribir pensaría que se trataba de una escriba, de una erudita en algún tema, o quizá alguna afortunada hija de nobles, con un nivel académico muy por encima del común. Nadie hubiese imaginado que su elegante y perfecta caligrafía no era nada en comparación a su habilidad con el hacha. Nadie hubiese imaginado que era una mujer más propensa a la sangre que a la tinta.
 
“Querida Myria,
 
  Sé que acabas de cumplir diez años, y sé que cuando leas esto seguramente lo sientas como una carta anónima de un desconocido.
  Soy Lara, tu hermana mayor… “

 Hizo una pausa para mojar nuevamente la pluma en la tinta, y se detuvo a releer. Un leve suspiro escapó de sus labios, al tiempo que su ceño se hacía más pesado en la meditación que implicaba elegir las palabras.
 
“…No sé si te han hablado de mí, honestamente, y no sé si eso me alegra o no. Conozco bien a nuestros padres, y probablemente busquen convertirme en una imagen de todo lo malo y amenazante para ti. Tal vez quieran que tú seas todo lo que yo no fui. O puede ser que prefieran dejarme en el olvido, como un error del pasado que te avergüenza mirar. Es por eso que siento la necesidad de escribirte, pues sé que no es justo para ti que me usen para obligarte a adoptar una identidad artificial.”
 
 Volvió a llevar la pluma al tintero.
 
 “A tu edad, estaba siendo educada para ser sacerdotisa de Edarastrix. El plan de nuestros padres era que llevase aún más fortuna al negocio familiar, como si alguna vez hubiese faltado el oro en sus arcas.
  Tuve la fortuna de entender durante ese aprendizaje que la vida es un bien del individuo, y no de quien la crea. Nadie debe nada a sus padres por el simple hecho de traernos a la vida…”



 Se detuvo un momento y decidió no continuar esa línea de pensamiento. Volvió a mojar la pluma.
 
 “Por extraño que te parezca, hoy soy una sacerdotisa de Tórim, señor de la guerra. No te negaré que pasé por momentos difíciles, durmiendo en las calles de Daganoth hasta ser aceptada en el templo. Pero creeme que todo el sufrimiento del camino añadió satisfacción en el destino. Hoy sé quién soy, y sé a qué quiero dedicar mi vida.
  No sé si tengas interés alguno en conocerme, ni sé si considerarás esta carta como algo fuera de lugar. No te conozco, pero somos hermanas. Sé que algo de mi hay en ti, y sé que soy sincera cuando te escribo estas palabras.”
 
 Se detuvo una vez más. Una gota de tinta cayó de la pluma a la mesa, mientras Lara pensaba en su hermana. La limpió lentamente con el índice de la mano izquierda, y se dispuso a terminar su misiva.
 
 “Tu vida te pertenece, Myria. No sé quién seas ni qué persona quieras ser, pero recuerda que detrás de las formalidades, detrás de las expectativas externas, hay una persona de carne y hueso que nació sin deudas. No le debes nada a nadie, y el mundo no te debe nada.
  Haz lo que te llene, y arrebátale al mundo lo que te apetezca. Todo está ahí, para ti y para quien esté dispuesto a cogerlo, poniendo su sangre y sudor en ello.

 
  Quizá algún día nos encontremos. Espero que entonces puedas verme con tus propios ojos y juzgarme con tu propio criterio.
 
                                                                              Lara, hija de Tórim.  “

 

  Dobló el pergamino y lo lacró con su sello de sacerdotisa. Se levantó de la mesa y partió rumbo a Daganoth, junto a los primeros rayos del sol.
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BlackBass
Liche amigable
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Mensajes : 114
Fecha de inscripción : 08/08/2016

MensajeTema: Re: Lara Valborg   Mar 15 Nov 2016, 18:56

El Asedio Interminable

 Terminado el combate en el castillo, Lara agradeció a sus compañeros de batalla, uno a uno, y luego los despidió. Organizó a las tropas sobrevivientes y designó tareas con rapidez, para rearmarse y completar la toma de la fortaleza. Necesitaba mantenerse y mantenerlos ocupados, pues era la mejor forma de sobrellevar el momento.

 Negó toda ayuda, y uno a uno recogió a sus guerreros caídos. Los cargó individualmente hasta la ubicación elegida para darles la despedida final.

 Los conocía a todos personalmente. No estaba simplemente recogiendo cadáveres, estaba recogiendo a amigos y compañeros de armas que habían decidido seguirla con absoluta y total devoción. El peso de cada cuerpo se sentía infinito en sus brazos.

 “¿Realmente estaban dispuestos a morir…? ¿Estaban preparados para ello?” – Se preguntaba, sabiendo que miles de guerreros creen luchar sin miedo a la muerte hasta que la miran a los ojos. ¿Qué pensarían ahora de ella? ¿Seguirían siendo devotos de su causa si hubiesen podido conocer el destino que les esperaba?

 Las dudas, como siempre, la atormentaban.

 Y es que Lara era demasiado joven como para sentir confianza en lo que hacía, y era demasiado madura como para permitirse la ceguera del triunfo y la gloria a cualquier precio. Compensaba ambas falencias con su habitual dureza de carácter. Lo intentaba, al menos…

 Y lo intentó, compañero tras compañero. Amigo tras amigo que despedía, enterrándoles en formación, como si marchasen a una última batalla. Lo intentó hasta que le tocó despedir a Viktor, un joven de tan solo dieciocho años recién cumplidos…

 Viktor había decidido abandonar a su familia en Daganoth, para unirse a las tropas de Lara. Su familia quiso convencerle de que no lo hiciera, pero él estaba completamente decidido. Negó la perspectiva de un futuro cómodo con el negocio familiar, confiando en la perspectiva de un futuro glorioso junto a la campeona de Tórim. Sin embargo, ahí estaba entre los brazos de Lara, pálido por la sangre que se le había escapado a través de un corte certero en la garganta.

 Lara lo miró durante mucho tiempo. La tristeza se fue transformando en desesperación cuando vio cortes en las manos del joven cadáver. Había intentado cubrirse con las manos tras soltar sus armas… Algo propio del pánico descontrolado que precede a la muerte inminente. Viktor no quería morir.

 La sacerdotisa, en un arrebato de impotencia, imploró a Tórim que lo perdonase. Que le diera una segunda oportunidad. Era joven y se la merecía… Pero sólo obtuvo silencio como respuesta del dios implacable.

 Y entonces dejó de intentarlo. Su dureza se quebró y se permitió llorar, abrazando el cadáver de un niño, no un guerrero, que había enfrentado a la muerte prematuramente y con miedo. Todo por confiar en ella y sus palabras.

 Sintió la profunda necesidad de pedirle perdón a él y a su familia, pero sabía que no lo obtendría. La vida no da segundas oportunidades, y hay cosas que simplemente no puedes corregir.

 Mientras lloraba sobre el cuerpo inocente de Viktor, Lara lo entendió. El verdadero peso de la muerte de Viktor la acompañaría hasta el último día de su vida.



 “Ninguna guerra termina realmente para quienes la sobrevivimos…” – Pensó, mientras reunía fuerzas para levantarse y seguir con los entierros.

 “Creo que al fin entiendo lo que esperas de mí, Tórim”.
 
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Lara Valborg
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